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Combray

por Begoña Díez Sanz

Leveime ós beizos unha cullerada de té no que [ ]

Que extensión lle podo pór
ó amor na súa expresión máis carnal,
á beleza dos mapas de bits sobre o meu lombo
arqueada sobre o bucolismo do teu clímax máis sonoro.

Cada baldosa da túa cociña
tiña algo de ilusorio
[fantasía arquitectónica de corpos espidos enriba da mesa]

todo era sumerxible dende a óptica da escuma
fíxenme explícita en corpo e implícita en funcións
con toda esa cosmogonía coa que me penetrabas:
sen ás, nin escudos, nin mazás (…)
e aínda así, fomos arquetipos.

Se Proust nos vise foder
sería a túa lingua a que tivese perdurado
coma paradigma da memoria.

Un pracer delicioso invadiume, illoume, sen noción do que o orixinaba [ ]

Begoña Díez Sanz (Universidade de Santiago de Compostela) é Licenciada en Filoloxía Hispánica con un mestrado en Estudios Teóricos e Comparados da Literatura e da Cultura e outro en Ensino do Español como Lingua Estranxeira. Desde 2011 participa en diversos congresos internacionais relacionados coa literatura e a teoría literaria. É autora de varios artigos sobre microrrelato e teatro breve, e do poemario Camarada: Eu só quería facer algo bonito, publicado por Follas Novas Edicións en 2014. | Camarada: Eu só quería facer algo bonito en Facebook

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Calendario

por Laura Cesarco Eglin

Mientras todavía sea julio estoy
a salvo de salir corriendo y seguir
hasta no tenerle más miedo a estos
meses que antes pintaban acuarelas
que antes hablaban en azulejos mojados
después que los pinté abrí la boca
y entre cada pincelada un molar
prensil

Laura Cesarco Eglin es una poeta y traductora de Uruguay. Es la autora de dos libros de poesía, Llamar al agua por su nombre (Mouthfeel Press, 2010) y Sastrería (Yaugurú, 2011), así como de una plaquette, Tailor Shop: Threads (Finishing Line Press, 2013), con poemas de ella traducidos con Teresa Williams. Sus poemas y traducciones han sido publicados en revistas literarias en EE. UU., Inglaterra, México y Uruguay. Sus poemas también son parte de la sección de «Mujeres Uruguayas» de Palabras Errantes, Plusamérica. Su poesía y traducciones han sido nominadas dos veces al premio Pushcart.

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Habitar con propiedad

por Laura Cesarco Eglin

Está leyendo. No sé
qué le dice un árbol a ella
un árbol en la calle donde vive, la copa
en el segundo piso, ella en el tercero
verde desde ahí vive. Entre las ramas
la pelota cae fácil; la media azul demora
un poco más. Le calcula tres horas
con el viento de abril hasta madurar.
Ese es el recorrido al piso. Un damasco
con el contexto del árbol en el fondo es
más jugoso porque está pronto para ella
desde la copa, un intermedio, como todo.
Lo que se mira bien se lleva al medio
de ahí sale la tinta para decir árbol
que corra en los dedos las huellas
de la corteza, empieza a definirse un artículo.
El acercamiento

Laura Cesarco Eglin es una poeta y traductora de Uruguay. Es la autora de dos libros de poesía, Llamar al agua por su nombre (Mouthfeel Press, 2010) y Sastrería (Yaugurú, 2011), así como de una plaquette, Tailor Shop: Threads (Finishing Line Press, 2013), con poemas de ella traducidos con Teresa Williams. Sus poemas y traducciones han sido publicados en revistas literarias en EE. UU., Inglaterra, México y Uruguay. Sus poemas también son parte de la sección de «Mujeres Uruguayas» de Palabras Errantes, Plusamérica. Su poesía y traducciones han sido nominadas dos veces al premio Pushcart.

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Hemisferios

por Laura Cesarco Eglin

-10 °C de desierto me encuentran
en una latitud 34° 58′ Sur donde
el verano lo calculan los dedos
en tres meses desde el 21 de diciembre
y me saco los guantes
porque el mar de febrero enseña
a bailar y en la arena reconocés tu agua
que la nieve concentra en blanco
donde los meses del verano son
dirección del invierno
enfría para hacer silencio y yo
también me hago en silencios

el frío amaina longitudes y latitudes

Laura Cesarco Eglin es una poeta y traductora de Uruguay. Es la autora de dos libros de poesía, Llamar al agua por su nombre (Mouthfeel Press, 2010) y Sastrería (Yaugurú, 2011), así como de una plaquette, Tailor Shop: Threads (Finishing Line Press, 2013), con poemas de ella traducidos con Teresa Williams. Sus poemas y traducciones han sido publicados en revistas literarias en EE. UU., Inglaterra, México y Uruguay. Sus poemas también son parte de la sección de «Mujeres Uruguayas» de Palabras Errantes, Plusamérica. Su poesía y traducciones han sido nominadas dos veces al premio Pushcart.

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Agencia

por Laura Cesarco Eglin

No necesito un caleidoscopio cuando puedo
acostarme con los ojos cerrados, la mirada dirigida
a una ventana y la respiración arma los vaivenes
de la luz, arma lo que no nombro para no darle
quietud, que siga pasando como a pesar de mí
aunque sé bien que cuando la montaña se derrita
y el corcho se ramifique estaré en Portugal; el viento
tironea para su lado, se desatan hojas, alguna que
otra bajo esta lapicera también indica cómo va
la corriente hoy sin necesidad de mojar la punta
del dedo para sentir de dónde viene
lo demás, no lo veo venir; está acá, ventrílocuo
del tiempo dice que yo digo que dice que digo
digo

Laura Cesarco Eglin es una poeta y traductora de Uruguay. Es la autora de dos libros de poesía, Llamar al agua por su nombre (Mouthfeel Press, 2010) y Sastrería (Yaugurú, 2011), así como de una plaquette, Tailor Shop: Threads (Finishing Line Press, 2013), con poemas de ella traducidos con Teresa Williams. Sus poemas y traducciones han sido publicados en revistas literarias en EE. UU., Inglaterra, México y Uruguay. Sus poemas también son parte de la sección de «Mujeres Uruguayas» de Palabras Errantes, Plusamérica. Su poesía y traducciones han sido nominadas dos veces al premio Pushcart.

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TRES POEMAS GALLEGOS

por Jorge Ortega

 

Autovía del noroeste

Onde a terra se acaba e o mar começa
OS LUSÍADAS, III, 20, 3.

Nos acercamos a la finisterra
bordeando la costa.
La niebla peina el bosque
y entre los altos robles
cariados por el musgo
enreda su enigmático sudario.
De pronto, en una curva,
la alfombra lapislázuli, casi ficticia
por sorpresiva y breve;
y otra vez la espesura
negándose a menguar en el asombro.
Los límites del orbe
no son de agua ni fuego,
de rugientes llamaradas
en un cantil sin fondo
o de cascadas que caen
interminablemente
al magma planetario.
Abundan las coníferas,
y el mar, en cualquier caso,
prefigura un comienzo, indica un horizonte
con su genoma que engloba
—lo sabe el renacuajo—
los orígenes de la vida.

 

Laudas

Piedra forrada de verde.
La congelada explosión de la dureza se ha visto atajada por la ortiga.
Hay jardines casi secretos larvando en las fisuras, inesperados huertos donde el helecho desova el asta de su primicia.
Quién hubiera dicho que en el friso acantonaban las esporas, impávida coraza de tiempo perturbada con el vaho de lo que calle y fluye.
Quién habría dado un cinco por tal quincallería, ese menhir de cascos rotos que apenas se mantiene en pie.
Una brizna de pasto despega las junturas de una pilastra, las comisuras de una fachada selladas con el polvo de los jubileos.
Trabajo de la hormiga, minuciosa y perenne cruzada del insecto empecinado en traspasar un sillar con la paciencia de los fósiles.
He ahí el abrazo de la enredadera en las ruinas del trópico, carne firme y efímera sobre un cuerpo añoso y perdurable.
He ahí la maleza disuadiendo sepulcros, minando contrafuertes como una lenta saliva de humedad, una lava rastrera que se disemina morosamente bajo los pies.
El olvido alarga sus extremidades, se desborda en sus arborescencias, empieza a dar sus primeros frutos de abandono sin que nadie lo advierta.
Tarde es ya para impedirlo.

 

Final del trayecto

Has palpado con mano encendida el solitario cerco del transmonte.
Has completado el camino y el porche de la cabaña cuyo resplandor fue creciendo se ha
iluminado también con el gradual chisporroteo de tus pisadas.
Has presentido unos momentos el vértigo de la muerte y te pareció que el mar retrocedía rumbo
al crepúsculo con lenta mansedumbre.
Has introducido los dedos en una grieta áspera —la Boca de la Verdad— y  ninguna alimaña ha
conseguido morderte.
Has llegado a la orilla de la Tierra y la planicie undosa se estremece ahora frente a ti,
replegándose hacia el término del día.
No es posible seguir. No hay más allá, salvo andar sobre las olas o escapar a nado en línea recta.
El peñasco que tocas,
la arcilla en la que grabas la impronta de tu errancia,
el océano que miras fijamente
o la puesta de sol que te señala con su yema de lumbre
son lo tangible extremo, el último
punto de retorno.
No agites tus certezas
ni remuevas las nubes con el ojo.
Puedes dar media vuelta,
recuperar tus pasos
y acatar el destino que tenías
y que te aguarda muy lejos de aquí;
puedes saltar al agua,
lanzarte al precipicio
o regresar por donde viniste.
Largo desvío a los márgenes
y la luz que se despide a la distancia
con su fuego ilegible
sin aclarar las dudas.

 

Jorge Ortega (1972) es poeta y ensayista mexicano. Sus más recientes libros de poesía son Ajedrez de polvo (tsé-tsé, Buenos Aires, 2003), Estado del tiempo (Hiperión, Madrid, 2005) y Devoción por la piedra (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 2011). En 2005 resultó finalista único del Premio de Poesía Hiperión y en 2010 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines. Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.

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LA PELÍCULA

por Manuel Gil

 

Se me ha ocurrido una peli. De las buenas, con efectos especiales y puede que alguna pistola láser. Así que mientras espero a que se me hagan las palomitas les cuento el argumento: Aparece un león ¡grrrowlfff grrrowlff! Nos sugiere. Los productores dan satisfacción a su ego encabezando los títulos de crédito, nos dicen de modo escrito que nos presentan la película y de modo implícito que el dinero sigue valiendo más que el ingenio (y así es, sin dinero no hay película pero el ingenio ya es optativo, reza el epitafio de la especie humana). Los créditos prosiguen indicándonos que la música corre a cargo de John Williams, no he reparado en gastos. Empieza a sonar… Se muestra bonita y simple, un par de notas bien ensalzadas al piano, un do que sube, se suman poco a poco nuevos instrumentos y cada compás transmuta a un latido cada vez más intenso, se torna atormentada, la obertura de un pasaje épico que coincide con la bravura del estallido de las palomitas en el microondas. Prom prom prom. Unos campesinos abren la imagen. Están comerciando al trueque en la calle de una aldea al lado del mar. Unas gallinas corretean al fondo mientras un niño les tira piedras. La gente viste ropas que se ven viejas, pero se distinguen de las de sus camaradas medievales en ciertos logos que, aunque gastados, todavía se distinguen: Nike, Levi´s… Las casas han sido rústicamente construidas, con bloques de hormigón y ventanas de aluminio viejas , alguna parece un chalet de los actuales rehabilitado en modalidad Virgen del puño… De repente un sonido estridente hace que todos los aldeanos giren sus cabezas, manos en orejas, hacia la enorme cúpula ocre que corta el paisaje en dos, con el océano al fondo de ambos. Dividiendo la pantalla en dos mundos tan distintos como si de dos planos existenciales se tratase. ¿Ya están intrigados eh? Soy un monstruo fílmico, o como se diga. Les contaré que la élite de la civilización vive en cúpulas así, dos evoluciones totalmente distintas. El sonido indica que el enorme engendro de cristal se dispone a vaciar residuos en el mar. Lo hace una vez al día; pasa que este día en concreto, varios hombres y mujeres se cuelan por las compuertas de desagüe y acceden al interior, sorprendentemente, con menos problemas de los esperados. Al plantarse en la calle cara los gigantescos edificios se miran helados los unos a los otros, petrificados, sorprendidos por el estallido de la música que desata una batuta fuera de si, y el vacío, sin muestra de la menor vida, del interior del corazón evolutivo. Tatatachánnn!! Y se desarrollaría la brillante trama a partir de ahí, pero oigan, esto tiene copyright, ni piensen en plagiarme la idea.

¿Les cuento cómo se me ocurrió? Seguro que me imaginan divagando sobre una silla inclinada hacia atrás, sobre sus patas traseras, oteando la nada desde unos ojos bohemios perdidos en la pared, desglosando cada capa de materialidad en pro de la verdad oculta y acordada del propio ser, siempre acordada, en el momento que un hada se aparece deslizándose entre las cortinas de la ventana y deja caer sobre mi unos polvos brillantes que emanan de los meneos de su varita, para que yo irrumpa al grito de ¡EUREKA!… Lo siento, espero que no hayan apostado un duro a ello. La verdad es que no pretendía en ningún momento escribir un guión de cine, solo estaba moviendo de sitio unos viejos apuntes de economía antes de ir a la cama, pensando un poco en el telediario de la noche, estaba, simplemente, haciendo conjeturas económicas en pijama. Siento el poco glamour, para los Goya vestiré mejor. No creo que este futuro se llegue a producir, lo interesante es saber cuánto de descabellado alberga su concepción. Así que sacad del armario vuestras camisas de fuerza preferidas, viajar la locura merece todos los honores:

En la actual sociedad y a cada día que pasa cobra mayor importancia un nuevo bien. Hablo del tiempo, como elemento negociable y de valor. Su importancia crece de una manera exponencial, de tal forma que su tasación económica es posible. La libertad de disponer y utilizar el tiempo es un concepto muy a tener en cuenta, más en una sociedad industrial. Para entendernos, los trabajos que no aportan un motivo de autorrealización personal, que son un gran número, se realizan de la manera más mecánica posible por parte del trabajador, la frase social de trabajar para vivir. Lo importante es la paga, con la que comprar el tiempo y el disfrute dentro de este último, y el tiempo ganado de las horas obligatorias de cada trabajo. Ser un poco más libre. Pero en un mercado laboral mecanizado, el mejor obrero es el de las venas de cables y aceite en las vísceras, el robot, el dispositivo mecánico. La propia terminología le saca a uno de dudas. Son más baratos en términos marginales que los de carne, y en los demás también. No dan problemas, no piensan, no enferman, no se sindicalizan, no molestan y son rápidos, precisos y limpios. Gran parte de la sociedad no protesta ni se atemoriza en exceso pues en nuestra percepción de lo que queremos no se encuentra ser contratados para ninguno de esos trabajos. Queremos los de mayor autorrealización y libertad y los menos automatizados, y en caso de no quedar otra, los menos duros a efectos de esfuerzo y tiempo. ¿Cuántos chavales quieren trabajar en una cadena de montaje? Entendemos que es la evolución lógica del mercado laboral y yo pienso sinceramente que así es. El problema es que 7000 millones de seres autorrealizados no cogen. No hay más que mirar los porcentajes de puestos de trabajo demandados y que se realizan a día de hoy. Si quitas los puramente procedimentales, ¿cuanto trabajo destruyes? Pero la cuestión no es discutir sobre esto, porque no alberga discusión a priori, la cuestión es mirar para adelante y buscar reajustes para el futuro que seguro que viene. Desafiar la miopía.

Hasta aquí más o menos claro. Ahora, en este contexto de crisis económica se han destruido una gran cantidad de puestos de trabajo. Muchas políticas de muchos gobiernos acentuarán la posibilidad de que esto vaya en aumento. La recuperación económica es posible, pero muchas empresas intentarán maximizar la utilidad del menor número de empleados posibles, usando y desarrollando maquinaria (o chinos) para cubrir sus necesidades. Muy probablemente nunca vuelva el nivel de trabajo de antes de la crisis y si lo hace es para ir marchándose lentamente, como cuando corres por el andén despidiéndote del que nunca va a volver. Pero es lo mejor, para los dos, lo aceptas.

El ser humano solo puede competir contra una máquina en creatividad y no hace falta que les recuerde el epitafio. Y esto es lo que va a pasar en las próximas décadas. Así que existen 2 posibilidades primarias, o bien que se reasigne a toda la masa laboral a empleos que no puedan ser desarrollados por máquinas, de los buenos, para entendernos, o bien que no se haga. Sinceramente, elija la que vea más factible, la más realista en esta concepción global, mientras me voy poniendo el gorrito de vidente… ¿Ya? Veamos. Como usted ha elegido la segunda vamos a caminar un poco por ahí. En un tiempo tendremos a miles de personas sin trabajo ni expectativas de tenerlo. Porque no lo hay ni lo habrá. ¿Qué hará esa gente? Unos delinquirán, robarán supermercados, tiendas, harán sus pinitos en política. Todos los otros (la mayoría) se buscarán la vida de la manera que puedan. Intentarán sobrevivir, solos o con sus familias. ¿Y qué está relacionado con la supervivencia? Si no puedes depender de otros, obviamente hablamos de la autosubsistencia, que nos trae directamente conceptos como el de agricultura.  Así que se dará un éxodo de la ciudad y sus indigestos adoquines al campo, a buscar una mala tierra dónde sacarse para comer. Retroceder en parte a otra época. Por tanto en las ciudades nos quedan los trabajadores, que desempeñan por esa época trabajos no robóticos. Las empresas pueden disponer de los beneficios de lo barato que resulta fabricar con robots cada día más asequibles, menguados eso sí, por la cantidad de mercado potencial perdido, pero oigan, esa parte no la entiende la táctica empresarial, esos lumbreras de la pragmática y feligreses de Maquiavelo. A día de hoy casi todos. Si quieres ser competitivo en un competición de dopados, ¿qué tienes que hacer? Me ahorro ya el gorrito.

Bien, tenemos ahora una élite en las ciudades dónde viven bastante bien y a una gran masa en los alrededores de estas volviendo a la agricultura, ganadería y al comercio de supervivencia. Volverían a renacer manufacturas: ropa, utensilios varios, etc. El nivel de contaminación de las ciudades sería alarmante por tanto robot, por lo que buscarían sistemas para mantener las calles saludables… Fabricar lejos, sistemas de evacuación de residuos, alejar el aire de las fábricas…¿una cúpula quizá?

¿Les parece muy descabellado? Muy… ¿ciencia ficción? ¿novelesco?¿están buscando esa palabra?… ¿Un poco pesimista? Poco es decir poco, irrefutable la frase. ¿O no tanto tanto? ¿algo?

¿Saben lo que sí es inverosímil? La siguiente obviedad: Que un hombre se haya comprado una casa con su mujer a un precio sacado de su órbita por los distintos lobbies, hipotecados a 50 años simplemente para hacerle la comida a ella los domingos, compartir, poder vivir juntos y decirle que la quiere empañando ,al pronunciarlo, su cuello, como si fuese posible.

Que ese mismo sistema financiero que les exigió responsabilidad y avales, haya inventado, sobornado, engañado, robado y se haya desmoronado sobre su propia basura. Al fin de cuentas, es lo que también eran. Que hayan arrastrado a toda la economía en su caída. Que pudiesen gritarles a los gobiernos un “o me ayudas o esta sociedad se viene abajo con nosotros” (parte de razón no les faltaba) como se hiciese falta eso, como si  no los pudiesen comprar con títulos sin valor real, realidades a un político, bah. Que incluso repartieron dividendo y aligeraron peso, ¿qué va a ser esto? Ladrones sí, pero muy amañaditos eh. Que a causa de todo esto,  propiciaron una deuda bestial en los gobiernos. Que esta deuda impidió cualquier intento gubernamental de reactivar la economía por la crisis que ellos crearon y condenaron a permanecer en pie. Que esa crisis haya dejado sin trabajo a la pareja del principio. Que al no cobrar no pueden hacer frente a la hipoteca. Que les embargan la vivienda. Y que se pasarán media vida de esfuerzo pagando el bien del que los echaron.

¿Qué nos hace especiales? ¿Qué permitió a esa élite vivir en cúpulas y a nosotros llegar a plantearnos la monstruosidad que creamos, cuales doctores Frankenstein, al ver el cadáver de un bosque levantarse chirriante reconstruido de hierros y placas metálicas, con sus chimeneas recubiertas de hollín, como largos brazos estirados hacia el cielo, queriendo cogerlo, con sus manos de humo listas para estrangularlo, ahogarlo, hacerlo tan respirable como el fondo del mar. La respuesta, y así será hasta un futuro mucho más lejano que el planteado en la historia del principio, es la creatividad, la imaginación, la reflexión, lo humano. Y a pesar de que no se hacen todos los esfuerzos (la educación en este sentido es muy floja) , hemos alcanzado en estos días un nivel alto en ellas. El motivo es la libertad y facilidad de expresión global, que nos abre caminos y cruces en cada mente y llena de material que el cuerpo aprovecha para seguir su evolución biológica. ¿O ya no existe ese concepto? Pero hay problemas importantes que frenan el proceso. Incluso indican que a corto plazo pueda iniciarse una recesión, también en este sentido. Es conocido por todos lo poco que interesa para los gobiernos y lobbies varios esa creatividad fuera de mercado y censura. Lo conocido como cultura, la oficial, se vende… en otros casos se subvenciona, unos por un ¿qué tal tu mujer Paco, qué necesitas? Y otros muchos por el emblema del ministerio correspondiente bien visible en los créditos, la exposición o la plaquita del museo. Una técnica de marketing más, del malo (sigo creyendo que existe un bueno). Del que revuelve las tripas y calla las bocas.

Me planteo para la película el tema de los derechos de autor. Creo en los derechos de autor. Sí, son necesarios. Cualquier persona tiene el derecho de ser retribuida por su creación y trabajo. Es lo justo y lo que lo fomenta. Pero me horripila que a día de hoy John Lennon siga cobrando derechos de autor… ¿para qué los querrá? ¿cómo se los hacen llegar? Los bancos tienen sucursales en todos lados… pero ¿¡en el más allá!? En el infierno me lo creería, con sus televisores de regalo y sus trajeados empleados, una compensación del Diablo por tanta alma del sector agenciada. ¿No será que los cobran otras personas ajenas porque los han adquirido? Cobrar eternamente por el trabajo de otros, me quito el sombrero.

Pienso en mi película. Busco la manera de acabarla, un buen final, algo que perdure. El que no se deshace en la lluvia. No lo encuentro. Me digo: ¿sabes lo que de verdad es horripilante? No encontrarlo.

No es por vender más entradas, hay quién quiere ser rico y quién quiere tener dinero. Cariño, ¿hacerte llorar tendrá algún valor?

Se me ocurre un robot entrando a un escenario a tocar un poco de soul. Me gusta lo que significa, un final que abre una segunda parte, todavía más inquietante que esta, pero que se me escapa la manera de proyectarme tantísimo en el futuro como para poder abordarla de manera mínimamente factible y que no me tachen de loco, aunque ya sea tarde para esto último. Una pareja está sentada en el patio de butacas del Hyperteatro, esperando la actuación. Él la agarra a ella de la mano, acariciándole el dorso con la yema del pulgar, le pregunta por los días, el de hoy  y el de pasado mañana, y le dice que le quiere (Ciencia ficción, ciencia ficción,  estarán asintiendo en este momento algunas mujeres). La chica se coloca el pelo hacia un lado, suspira un dulce aliento que se cuela por las fosas nasales de él, siendo un ¡Gloria! en su mente. ¡Aleluya par el sin credo! Que cree que es el momento de dar las gracias al inclinarse, lentamente, dispuesto a besarla, conteniendo la caja de percusión improvisada en su torso, fundiéndose con la música y con ella en un beso tan apasionado que ni quince mil circuitos perfectamente ensamblados pudiesen tocar.

 

Manuel Gil Castro. Estudiante de ADE en la Universidad de la Coruña y de Realización audiovisual en la Escola de Imaxe e Son de La Coruña.

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