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Scraches

por Kike Benlloch y Pedro Villarejo

Scraches por Kike + Pedro

Kike Benlloch (A Coruña, 1974) traballa con computadores, escribe con computadores e ocasionalmente, deseña con boli, lapis… ou computadores. | www.kikebenlloch.com

Pedro Villarejo (Sabadell 1973) dibuja desde que tiene uso de razón y en eso sigue, empeñado en hacer de sus garabatos su profesión. Ha publicado historietas e ilustraciones en diversas revistas y fanzines, realizado exposiciones de pintura e incluso ilustrado un par de libros. | pedrovillarejo.com

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Archivado bajo H2, Viñeta

de 07:00 a 14:30

por Diego Mariño Sánchez

a Sonia

Ella limpia cada día los suelos del portal con sus lágrimas,
se me caen, diez portales, doble escalera, de 07:00 a 14:30

ella me mira agrietada ante una pared, rostro oscuro, rostro
atormentado de niña de cuarenta años, a veces hasta me
da rabia estar viva, diez portales, doble escalera, de 07:00 a
14:30

ella por el descansillo suplicante como una maría con un
hueco en el regazo, tres niños, viuda a los veintisiete, mis
padres los visten y los calzan, diez portales, doble escalera, de
07:00 a 14:30

ella no vierte lejía sobre la superficie marmórea de la
comunidad, usa un producto diferente (de un perfume que
viene ahora a mi memoria…), no soporto hacer mal mi
trabajo, diez portales, doble escalera, de 07:00 a 14:30

ella aferrada a su desesperación como a una rueda dentada
que gira chirriando en mi mente, cuando camino por los
patios grises y vacíos a mediodía ¿tú sabes lo que me duele
pedirles dinero? diez portales, doble escalera, de 07:00 a
14:30

ella como un embalse en un terremoto, repentina e incesante
como una flecha que no termina nunca, como una flecha de
sangre en el ojo derecho, como una flecha que mana de ti a mí,
como una flecha bajo la ceja, en la esquina de la frente,
puntiaguda, afilada, minúscula (infinitesimal) y profunda,
rabia de estar viva, diez portales, doble escalera, de 07:00 a
14:30, 470 euros al mes, Servicios de Limpieza PROALTIR S.A.

Diego Mariño Sánchez (Melide, 1979), doctor en Historia por la Universidad de Santiago (2007) con la tesis Historiografía de Dioniso, publicada por la USC. En proceso de publicación de la obra Injertando a Dioniso (edit. Akal). Co-autor de la película Diegos Gedichte (Os poemas de Diego), presentada en el CGAI en Octubre del 2007. Autor de los poemarios inéditos: pausas, depresión y poemas de los 30 años. Actualmente profesor de Historia en el Colegio Obradoiro (A Coruña) y guía oficial de turismo de Galicia.

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Archivado bajo H2, Poesía

To You / A ti

by Walt Whitman
With a drawing by | Con un dibujo de Ana Kun
Spanish version by | Versión en español de Joaquín Lameiro Tenreiro

To You

Whoever you are, I fear you are walking the walks of dreams,
I fear these supposed realities are to melt from under your feet and hands,
Even now your features, joys, speech, house, trade, manners, troubles, follies, costume, crimes, dissipate away from you,
Your true soul and body appear before me.
They stand forth out of affairs, out of commerce, shops, work, farms, clothes, the house, buying, selling, eating, drinking, suffering, dying.

Whoever you are, now I place my hand upon you, that you be my poem,
I whisper with my lips close to your ear.
I have loved many women and men, but I love none better than you.

O I have been dilatory and dumb,
I should have made my way straight to you long ago,
I should have blabb’d nothing but you, I should have chanted nothing but you.

I will leave all and come and make the hymns of you,
None has understood you, but I understand you,
None has done justice to you, you have not done justice to yourself,
None but has found you imperfect, I only find no imperfection in you,
None but would subordinate you, I only am he who will never consent to subordinate you,
I only am he who places over you no master, owner, better, God, beyond what waits intrinsically in yourself.

Painters have painted their swarming groups and the centre-figure of all,
From the head of the centre-figure spreading a nimbus of gold-color’d light,
But I paint myriads of heads, but paint no head without its nimbus of gold-color’d light,
From my hand from the brain of every man and woman it streams, effulgently flowing forever.

O I could sing such grandeurs and glories about you!
You have not known what you are, you have slumber’d upon yourself all your life,
Your eyelids have been the same as closed most of the time,
What you have done returns already in mockeries,
(Your thrift, knowledge, prayers, if they do not return in mockeries, what is their return?)

The mockeries are not you,
Underneath them and within them I see you lurk,
I pursue you where none else has pursued you,
Silence, the desk, the flippant expression, the night, the accustom’d routine, if these conceal you from others or from yourself, they do not conceal you from me,
The shaved face, the unsteady eye, the impure complexion, if these balk others they do not balk me,
The pert apparel, the deform’d attitude, drunkenness, greed, premature death, all these I part aside.

There is no endowment in man or woman that is not tallied in you,
There is no virtue, no beauty in man or woman, but as good is in you,
No pluck, no endurance in others, but as good is in you,
No pleasure waiting for others, but an equal pleasure waits for you.

As for me, I give nothing to any one except I give the like carefully to you,
I sing the songs of the glory of none, not God, sooner than I sing the songs of the glory of you.

Whoever you are! claim your own at any hazard!
These shows of the East and West are tame compared to you,
These immense meadows, these interminable rivers, you are immense and interminable as they,
These furies, elements, storms, motions of Nature, throes of apparent dissolution, you are he or she who is master or mistress over them,
Master or mistress in your own right over Nature, elements, pain, passion, dissolution.

The hopples fall from your ankles, you find an unfailing sufficiency,
Old or young, male or female, rude, low, rejected by the rest, whatever you are promulges itself,
Through birth, life, death, burial, the means are provided, nothing is scanted,
Through angers, losses, ambition, ignorance, ennui, what you are picks its way.

The works of Walt Whitman are under the public domain | La obra de Walt Whitman es de dominio público

To You / A ti by Ana Kun

To You / A ti by Ana Kun

A ti

Quienquiera que seas, temo que camines los caminos del sueño,
temo que estas supuestas realidades vayan a desvanecerse bajo tus pies y tus manos;
ahora mismo tus rasgos, gozos, habla, casa, empresas, modales, problemas, veleidades, vestimenta, crímenes se esfuman lejos de ti
y tu alma y cuerpo verdaderos se muestran frente a mí,
emergen libres de negocios, libres de comercio, tiendas, trabajo, granjas, ropas, la casa, comprar, vender, comer, beber, sufrir, morir.

Quienquiera que seas, ahora yo poso mi mano sobre ti, pues tú serás mi poema;
susurro con mis labios pegados a tu oído:
he amado a muchas mujeres y hombres, pero a ninguno he amado más que a ti.

Oh, he sido tardío y torpe;
debería haberme abierto camino hacia ti hace mucho,
de mis labios solo tú deberías haber salido, solo tú deberías haber sido mi canción.

Lo dejaré todo y vendré y haré himnos para ti;
nadie te ha comprendido, pero yo te comprendo;
nadie te ha hecho justicia, tú mismo no te has hecho justicia;
nadie ha encontrado en ti más que imperfección, yo soy el único que no encuentra esa imperfección;
nadie ha buscado más que subyugarte, yo soy el único que no consiente tu yugo;
Yo soy el único que no coloca sobre ti ni amo, ni dueño, ni mejor, ni Dios más allá del que aguarda en tu interior.

Los pintores han pintado siempre a las masas abigarradas en torno a un personaje
y un nimbo de luz dorada que emana de la cabeza de ese personaje.
Pero yo pinto miríadas de cabezas, y ninguna pinto sin su nimbo de luz dorada;
brota de mi mano, del cerebro de cada hombre y mujer, y fluye fulguroso hacia el infinito.

¡Qué grandezas y glorias podría cantar de ti!
Tú no sabes lo que eres, toda tu vida ha sido un dormitar sobre ti mismo,
la mayor parte de tu vida la has pasado como con los párpados cerrados.
Todo lo que has hecho no te ha rendido más que burlas
(tus ahorros, tus conocimientos, tus oraciones, ¿qué te han rendido sino burlas?)

Estas burlas no son tú.
Bajo ellas, en su interior, veo cómo acechas.
Te busco allí donde nadie te ha buscado.
El silencio, el despacho, el gesto indiferente, la noche, el día a día; si todo esto te esconde de los otros o de ti mismo, no te esconde de mí.
La cara afeitada, la mirada vacilante, la complexión débil; si esto ha entorpecido a los otros, no me entorpece a mí.
El descaro en el vestir, las costumbres viciosas, la embriaguez, la codicia, la muerte prematura; todo esto yo lo dejo a un lado.

No hay don en hombre o mujer que no se halle inscrito en ti;
no hay mayor virtud o belleza en hombre o mujer de la que hay en ti,
ni mayor coraje o entereza en los otros que en ti;
ningún placer aguarda a los otros que no te aguarde a ti.

En cuanto a mí, a nadie doy nada que no te dé en idéntica medida a ti;
no canto a la gloria de nadie, ni siquiera a la de Dios, antes que a la tuya.

¡Quienquiera que seas: reivindícate sin temor!
Los espectáculos de Oriente y Occidente son insulsos comparados contigo.
Las inmensas praderas, los ríos interminables: tú eres inmenso e interminable como ellos;
la furia de los elementos, las tormentas, las fuerzas de la Naturaleza, la angustia ante la destrucción inminente, tú las señoreas a todas;
señoreas con pleno derecho sobre la Naturaleza, los elementos, el dolor, la pasión, la destrucción.

Los grilletes caen de tus tobillos, sientes una suficiencia inquebrantable,
joven o viejo, hombre o mujer, tosco, vulgar, rechazado por el resto,
lo que eres se propaga.
A través del nacimiento, la vida, la muerte, el entierro… se proveen los medios; nada se escatima.
A través de la ira, la pérdida, la ambición, la ignorancia, el hastío… lo que eres se abre camino.

Walter “Walt” Whitman (May 31, 1819 – March 26, 1892) was an American poet, essayist and journalist. A humanist, he was a part of the transition between transcendentalism and realism, incorporating both views in his works. Whitman is among the most influential poets in the American canon, often called the father of free verse. His work was very controversial in its time, particularly his poetry collection Leaves of Grass, which was described as obscene for its overt sexuality. (From “Walt Whitman” at Wikipedia, the free encyclopedia)

Ana Kun was born in one very cold winter, sometime around noon. She waited quietly until she could go to the Fine Arts High School in the 5th grade, determined to be a graphic artist as soon as possible. Now, 20 years later, she has a BA in Graphics (Faculty of Arts and Design), a MA in Creative Writing (Faculty of Letters and Theology) and a magical 7 years experience in graphic design. Ana feels ready to see her dream come true: to doodle super colorful drawings and mega intricate texts, if possible on the same paper. Visit anakun.com

Joaquín Lameiro Tenreiro nació en A Coruña en 1982. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidade da Coruña, en donde actualmente realiza su tesis doctoral y otros trabajos de investigación sobre las Vanguardias Históricas y la literatura hispanoamericana. Ha publicado poesía y relato breve en varias revistas y fanzines, en gallego y en español.

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Archivado bajo H2, Poesía, Traducción

¿SIN PENSAMIENTO CRÍTICO?: EL HUMANISMO Y EL LUGAR DE LAS HUMANIDADES

por Víctor Manuel Sanchis

 

A partir de la eclosión de los medios de comunicación de masas en el siglo XX, el debate sobre la utilidad y funcionalidad de todas aquellas cosas que nos rodean, tangibles o no, se reabre en determinados periodos, asociados, como en este caso, a unos años de crisis económica en el que la sociedad vigilia con lupa todos los movimientos y el sistema tiende a reordenar conflictivamente a todos los actores que la conforman.

“Sin pensamiento crítico” rezaba el titular de Amelia Castilla a una encuesta entre intelectuales de diferentes lugares del mundo en la portada digital del suplemento cultural Babelia del día 25 de febrero de 2011. En este contexto, el debate sobre el papel de los intelectuales, y sobre todo el de las humanidades, vuelve al candelero en un momento en el que parecen necesarias alternativas profundas, no solo en el liberalismo económico radical, sino también en la concepción individualista del pensamiento occidental surgida tras lo que se vino a denominar la muerte de los grandes discursos.

¿Puede contribuir el pensamiento crítico de las humanidades en este sentido? ¿Tendrá un espacio diferente en la reordenación de los actores sociales después de la crisis? El panorama no es nada alentador si atendemos al estado de la cuestión actual, más si cabe tras los diferentes tijeratazos en educación e I+D, aspectos que los diferentes gobiernos, no sólo de la Unión Europea, consideran marginales para la recuperación financiera.

Lo cierto es que a día de hoy el espacio de los intelectuales, y muy especialmente el de las humanidades, ha quedado reducido al impopular reducto de las universidades, donde se alojan en una burbuja en la que el conocimiento se recicla a sí mismo, sin apenas incidencia no ya en la conciencia colectiva, sino tampoco en los principales órganos de decisión.

No deja de ser casual que las protestas estudiantiles que han prendido definitivamente la mecha mediática estos días hayan comenzado en un instituto valenciano con el nombre de Juan Luis Vives. Esos chicos, hijos del fin de la historia, a los que se les acusa de pasotismo y mezquindad intelectual, se han quitado los auriculares y han escondido los mandos de los videojuegos para interactuar socialmente, en un mundo que ya no es posible sin estar conectado, en el dominio virtual horizontal que han creado la web 2.0 y las redes sociales. Esta vez han elegido alzar los libros, «¡estas son nuestras armas!», gritaban, frente a los tontos de la clase, que hoy escenifican su éxito profesional sin estudios con la represión física y moral identificativa ya de la policía antidisturbios.

La excusa del Juan Luis Vives me sirve para focalizar la atención en un periodo histórico determinado, los siglos del humanismo, en el que este humanista con nombre instituto, -sí, ya pocos recuerdan que es un instituto con nombre de humanista-, y otros tantos personajes vinculados con las humanidades, con los studia humanitatis en expresión de Cicerón, encabezaron la evolución del pensamiento crítico en una época de crisis en la que la tradición suele cifrar el inicio de la modernidad.

La recuperación filológica del legado greco-latino que comenzaran intelectuales de la talla de Petrarca o Bocaccio dio paso a una conflictiva evolución del pensamiento y los métodos educativos medievales que apuntaron hacia un modelo basado principalmente en el perfeccionamiento del latín y del griego clásico a través del nuevo tratamiento de la gramática y la retórica, que desde la filología, influyó notablemente en la configuración intelectual y política de las distintas sociedades del Renacimiento.

La esencia del humanismo, la filosofía del humanismo, probablemente haya que buscarla en la ascensión de Petrarca al Mont Venteaux, con el encuentro del hombre con sí mismo en las alturas de los Alpes, que el de Arezzo narró en una carta a su amigo el agustino Dionisio da Burgo. Pero el trabajo de campo, el esfuerzo del estudio, la interpretación, la glosa y la traducción de los textos del pasado medieval y clásico fue fruto del empeño filológico de estos humanistas, encargados, en palabras de una de las figuras más importantes del humanismo español, Alejo de Venegas, de ser la lengua, los intérpretes, de esos maestros mudos que eran los libros.

En este contexto, sobre todo desde el ámbito italiano, los humanistas se convirtieron en depositarios de un poder vinculado con la escritura, con el conocimiento de la historia y de la literatura, que les llevó a la palestra del dominio público y a influenciar de manera decisiva en aquellos que ejercían el poder. Lorenzo Valla demostró la falsificación de la “Donación de Constantino”, texto en el que se asienta el cristianismo en el imperio romano, Alberti, Bruni, Nebrija, Pérez de Oliva pusieron sus conocimientos para construir la historia de sus ciudades o de sus mecenas o para reescribir los tópicos de la literatura moderna. Conocida es la expresión del príncipe milanés Galeazzo Visconti, que temía más una carta de Coluccio Salutati que mil jinetes florentinos.

La Europa del siglo XVI conoció la primera época de globalización moderna, debido entre otras cosas a la expansión del dominio político de la corona del heredero de la casa de Austria, Carlos V, al impulso comercial en el Mediterráneo con los grandes descubrimientos o a la red cultural que supuso la proliferación de universidades y estudios generales en todo el continente.

Los humanistas se filtraron progresivamente en las universidades como maestros de unas disciplinas de letras, o de Artes, obligatorias para el estudio de las facultades mayores, teología, derecho y medicina. Ya en el siglo XIII, Alfonso X el Sabio había propuesto el papel preponderante de las humanidades en los planes de estudio en la Ley I de la Segunda Partida:

Estudio es ayuntamiento de maestros et de escolares que es fecho en algunt logar con voluntad et con entendimiento de aprender los saberes; et son dos maneras dél; la una es á que dicen estudio general en que ha maestro de las artes, así como de gramática, et de lógica, et de retórica…

Así, tanto la gramática como la retórica se nutrieron de una nueva generación de intelectuales que bajo las enseñanzas de Ciceron y Quintiliano, cuyos textos se habían recuperado durante el siglo XV, renovaron los memorísticos métodos pedagógicos escolásticos y facilitaron la sistematización de las lenguas, la adaptación de los tópicos clásicos a la literatura contemporánea y la edición y comentario de un numeroso corpus de textos clásicos y medievales.

No en vano durante las primeras décadas del siglo XVI la nueva universidad complutense propició la colaboración de filólogos y teólogos, bajo la atenta mirada de un anciano Elio Antonio de Nebrija, expulsado de Salamanca y perseguido por la inquisición, en el que probablemente fuera uno de los frutos más importantes del humanismo castellano, la Biblia Políglota. Desde Lovaina, Erasmo había constituido el primer estudio trilingüe europeo donde centralizó una obra que abarcó los comentarios a Horacio o Aristóteles o al Antiguo Testamento y desde donde construyó en torno a su persona una red intelectual que traspasó las fronteras europeas, llegando a Asia y al Nuevo Mundo.

El trabajo filológico de los Erasmo, Vives, Budé, Moro, Lutero, Maldonado, Nebrija, Pérez de Oliva, Ambrosio de Morales o Cervantes de Salazar motivó una corriente de pensamiento renovadora en muchos de los campos decisivos para cualquier sociedad. Hablaron de política, Erasmo y Vives fueron consejeros del emperador, y otros tantos fueron cronistas de sus mecenas o de sus ciudades, por ejemplo; hablaron de paz en un mundo en constante conflicto; de religión, claro, y de espiritualidad renovada, de perfeccionamiento agustiniano de la conciencia interior, lejos de los excesos del lujo vaticano. Y hablaron de educación, sobre todo, como motor esencial de cualquier sociedad durante una vida que muchos dedicaron a la enseñanza de los jóvenes como profesores universitarios o preceptores de los más importantes personajes de su tiempo.

El modelo principal del intelectual dedicado a la educación de los jóvenes fue la egregia figura del valenciano Juan Luis Vives, que al final de sus días, en 1539, completó la redacción de la Linguae latinae exercitatio, unos diálogos escolares para el aprendizaje y perfeccionamiento de la lengua latina, donde culminaba una trayectoria fecunda en la reflexión sobre los studia humanitatis y la educación que contaba ya con títulos como la Introducción para la sabiduría o el De disciplinis.

Volver a la personalidad de Vives es volver al origen judío de un joven que muy pronto marchó a París, uno de los centros universitarios europeos por excelencia. Años más tarde, en Lovaina, comenzó a dar sus primeras lecciones universitarias. Algún prestigio debía haber adquirido ya el joven Vives cuando en 1514 es elegido para asistir como preceptor del joven Guillermo de Croy, sobrino del ayo del príncipe Carlos, al que acompaña al Estudio General de Brabante, en Lovaina, para completar su formación en sus estudios de teología. Durante sus años en Lovaina, Vives entabló contacto con un grupo nutrido de humanistas, entre los que destacan Martin Drop y, sobre todo, Erasmo de Rotterdam, con el que, pese al complejo carácter del humanista flamenco, mantendrá una afinidad intelectual decisiva para entender el pensamiento vivesiano. Su fama de hombre virtuoso le había permitido ya impartir algunas lecciones en la universidad, y el propio Erasmo le encomienda la ardua tarea de editar y comentar los veintidós libros de La Ciudad de Dios de San Agustín. No obstante, una serie de trágicos acontecimientos van a cambiar forzosamente su vida académica en Loavaina. El joven cardenal de Croy muere inesperadamente al caerse de un caballo cuando solo tenía 23 años. Además, empiezan a llegarle noticias de su familia y el proceso que la Santa Inquisición había comenzado contra sus padres y sus bienes en Valencia. Apesadumbrado, decide marcharse a Brujas al amparo de su amigo Pedro de Aguirre, donde, retirado, le queda solo el consuelo del estudio. Es por estas fechas, consolado por el De tranquillitate animi cuando toma por emblema el lema senequista del sine querela. En Lovaina, además del docto trabajo de editar a San Agustín, Vives comenta también el Caton mayor de Cicerón, los salmos, las Geórgicas virgilianas y publica en 1519 una importante diatriba contra la metodología escolástica de la Universidad de París titulada In Pseudodialécticos.

Había decidido volver a España por mar, desde Inglaterra, a mitad del año 1523, tras haber recibido el honor de ser propuesto para ocupar la cátedra vacante en la Universidad de Alcalá tras la muerte de Nebrija por su amigo Juan Maldonado. No obstante, quizá por recomendaciones de prudencia ante el proceso inquisitorial contra su familia, Vives se instala en la Universidad de Oxford como catedrático de latín y griego, al amparo de los reyes, Enrique VIII y Catalina de Aragón. En Oxford recibe la noticia de la ejecución de sus padres en Valencia y es consciente de que jamás podrá regresar a su tierra. Al final de su vida construirá la ficción de su regreso en uno de sus diálogos, donde Cabanilles, un valenciano afincado a París, regresa por fin a Valencia y recorre el callejón donde visita la casa de Luis Vives y saluda a sus hermanas.

Pese al duro golpe, en Inglaterra pasa otro fecundo periodo de su vida, donde escribe algunas de sus obras más importantes, entre ellas la Introductio ad Sapientiam, en 1524. Es nombrado consejero real y decide contraer matrimonio con Margarita Valdaura tras entablar una entrañable relación con la familia Moro, que dejará una huella profunda tanto en su vida, de la que envidiaba la tranquilidad del hogar familiar, como en su obra. Por estas fechas, compone también De institutione foeminae christianae, sobre la formación de la mujer cristiana, una colección de máximas morales, Satellitium animi y sus principales textos sobre la educación de los jóvenes, agrupadas en De ratione studii puerilis.

En 1525 recibe el encargo de los magistrados de la ciudad de Brujas de componer un texto reflexionando sobre el problema de la mendicidad, el De subvencione pauperum, en el que Vives se muestra sensible a los problemas sociales que le rodean y muestra el camino de una sabiduría necesaria para la solución de los problemas del entorno. Tras su vuelta a Brujas en 1528, aparecen sus principales textos de preocupación política, como el De concordia et Discordia in humano genere o el De pacificatione, en una época de inestabilidad en las relaciones de paz de los principales estados europeos.

En la última parte de su vida aparecen las obras más representativas de su madurez, el enciclopédico De tradendis disciplinis, publicado en 1531, en el cual Vives realiza, a través de tres libros, un ordenamiento general del desarrollo de las principales artes y disciplinas, el gran ensayo sobre la sensibilidad del hombre, De anima et vita libri tres y los diálogos escolares dedicados al joven príncipe Felipe, hijo de Carlos V, que por aquel entonces comenzaba su instrucción en las primeras letras. Durante estos últimos años fue consejero del emperador, de quien recibía una pensión, y preceptor de doña Mencía de Mendoza, noble valenciana afincada en Flandes a quien dedicó sus últimos esfuerzos pedagógicos antes de morir en 1540.

El trabajo y la figura de Vives, modelo principal del intelectual comprometido con los problemas de su tiempo y mediador directo con los personajes decisivos de la primera mitad del siglo XVI, fue admirado y continuado en muchos lugares del mundo, también en su tierra natal. Pese al cambio de aires de la Contrarreforma, la obra intelectual de Vives fecundó en varios núcleos intelectuales españoles, Burgos, Alcalá y Toledo, principalmente, conformando una red de pensamiento que llegaría incluso hasta el continente americano.

En México, en 1554, tan sólo un año después de la fundación de la institución universitaria, aparecen publicados los diálogos escolares latinos de Vives en la imprenta de Juan de Pablos, a cargo de un catedrático de retórica toledano, Francisco Cervantes de Salazar, que ejerció también como cronista de la ciudad de México, formado en las principales universidades españoles. El humanista novohispano situó al final del volumen de Vives siete diálogos latinos compuestos por su pluma, que a la postre se convirtieron en una de las joyas literarias de la literatura europea de los primeros años de las colonias americanas, en una muestra evidente de las posibilidades de adaptación y de desarrollo de una corriente, la del humanismo, que tejió una red global de conexión intelectual capaz de denunciar los excesos de una sociedad que centraba sus expectativas en el desarrollo económico.

América se convirtió pronto en el paradigma de la avaricia y la ambición económica, y se institucionalizó la búsqueda de un Dorado que todavía hoy parece no haber finalizado. Durante el siglo XVI algunas voces clamaron, con poco éxito, contra las mezquindades morales e intelectuales del liberalismo económico y la necesidad de armar las sociedades a partir del cultivo de las humanidades. Uno de los personajes de los diálogos de Cervantes de Salazar plantea la pregunta, “en tierra donde la codicia impera, ¿hay lugar para la sabiduría?”.

Los maestros de letras del Renacimiento, desde las grandes figuras hasta las más humildes, han pasado desapercibidos en la reescritura actual de las diferentes historias debido a que no concuerdan dentro de los criterios de lengua y país o lengua y territorio con que han venido a configurarse principalmente las historias del arte y la literatura de los diferentes países. Los humanistas, exiliados como Vives, huérfanos como Erasmo, escritores en lengua latina, sin más raíces que la patria del conocimiento, ayudaron con sus esfuerzos a la conformación del pensamiento moderno.

¿Es posible hoy reubicar los studia humanitatis y la figura de los intelectuales hacia una posición de poder y decisión? Al menos sí puede ser una buena coyuntura para reivindicar un modelo de pensamiento y de configuración cultural diferente al que nos ha llevado el liberalismo radical.

Epicuro de Samos nos dejó la pista hace muchos siglos, cuando afirmaba que lo mismo que los médicos no son útiles si no curan las enfermedades del cuerpo, las humanidades y los intelectuales no son necesarios si no se encargan de curar las enfermedades del alma. A lo mejor el problema actual, sin vendas ni demagogia, no es ya tanto un problema del cuerpo, ni de los médicos, sino que es el momento también de enfrentarse a las enfermedades del alma.

Víctor Manuel Sanchis Amat es doctor en literatura hispanoamericana por la Universidad de Alicante, donde ha ejercido como investigador predoctoral de la Consellería d’Educació de la Generalitat Valenciana. Su tesis doctoral se centra en el estudio de la figura del humanista toledano Francisco Cervantes de Salazar y la llegada y adaptación del humanismo a la Nueva España a través de sus principales textos, escritos hacia la mitad del siglo XVI en la capital del virreinato, donde ejerció entre otras cosas de catedrático de retórica y de cronista de la ciudad.

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LA MERCANTILIZACIÓN DEL ARTE EN LA ACTUALIDAD: GLOBALIZACIÓN, INTERNET E INDOLENCIA SOCIAL

Sonia Rico Alonso

 

En el mundo actual, caracterizado más que nunca por el fenómeno de la globalización, el papel del arte y del artista plantea problemas a la hora de establecer su ubicación dentro del marco social. En este artículo, pretendemos reubicar al artista y desentrañar su función y la del arte en la época actual, es decir, dentro de un marco exageradamente capitalista. Por otra parte, trataremos la manera en que este sistema afecta y manipula la mentalidad del individuo, dentro de un mundo configurado como un gran mercado global.

El paso del siglo XIX al XX supuso un cambio sustancial en lo que se refiere al arte y a la teorización acerca de ella. Así, la llegada de la fotografía y del cine supusieron la consagración de lo que Walter Benjamin denominaría la época de la reproductibilidad técnica1. Con ello, la máquina se consolida, en detrimento del artista, y la obra de arte pierde su unicidad (se puede reproducir infinitamente). Además, se producen dos hechos fundamentales: por una parte, la obra pierde parte de su función estética, tal y como había prevalecido anteriormente, para desempeñar, sobre todo, una función política, lo que en su extremo provocará la estetización de la política, en el caso del fascismo, a la vez que la politización del arte, en el caso comunista; por otra parte, el receptor del arte deja de ser exclusivo, para convertirse en un público masivo, lo que convertirá a la obra de arte en un objeto de consumo de masas.

Dejando estas consideraciones teóricas, nos centraremos, sobre todo, en la segunda de ellas, fundamental en la actualidad. Así, el arte ya no pertenece a una élite, ya no es un arte para minorías, como diría Ortega2, sino que está completamente presente en la vida cotidiana y, lo que es más importante, en todas las clases sociales, en mayor o menor medida. Así, cualquier ciudadano de a pie puede ir al cine o al teatro, leer un libro, escuchar música, ver una película o visitar un museo. Estas actividades se han convertido en cotidianas para la inmensa mayoría de los habitantes de países desarrollados, lo que refleja que el arte ha inundado nuestras vidas hasta un punto en que se ha convertido en algo frecuente o, lo que es lo mismo, en un hábito. No olvidemos que la mayoría de las actividades mencionadas, por no decir todas, podrían integrar cualquier lista de aficiones de un ciudadano corriente.

Esta ampliación del público receptor y la rápida expansión de las manifestaciones artísticas, fruto de los avances tecnológicos y de la globalización en un marco de exacerbado capitalismo, provoca, en primer lugar, que la obra artística pase a verse fundamentalmente como producto y, por tanto, como objeto de consumo; y, en segundo lugar y consecuencia de ello, que la obra de arte pierda esa “aura” que llamaba Benjamin, de tal modo, que se desplaza el término “obra de arte” por el de “objeto de consumo”, a la vez que se difumina la figura del artista. Así, si la obra ya no es percibida como manifestación artística, el artista se convierte en mero productor, se elimina el supuesto genio creador, llamémosle talento o don, y de él solo importa el producto, que rápidamente se expande y se consume vorazmente. Una vez que la obra entra en el mercado de las masas, el autor se encuentra intensamente minado. Evidentemente, el hecho de que “El Guernica” esté en el Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía y, por tanto, a la vista de cualquier ciudadano, no elimina la figura de Picasso; de la misma manera que todos reconocemos a Frank Lloyd Wright si vemos la “Casa de la Cascada”, por poner dos ejemplos paradigmáticos del arte contemporáneo. Sin embargo, el fenómeno que hemos descrito se observa fácilmente en aquellas artes en las que la tecnología permite la reproductibilidad de sus manifestaciones, véase el cine o la música:

El fenómeno de la piratería es una muestra significativa de ello. Hoy en día, gracias a Internet, toda la población con acceso puede compartir y descargar archivos con y de cualquier ciudadano del mundo. Internet y su expansión social han dado el paso definitivo en el fenómeno de la globalización hasta tal punto que cualquier persona de cualquier lugar puede contactar con cualquier otro individuo o enterarse de lo que sucede en la otra punta del globo y todo ello en cuestión de segundos. Con ello, se amplían considerablemente las posibilidades de recepción, a la vez que la facilidad del artista para promocionar su obra. Sin embargo, el fenómeno trae, también, consecuencias negativas, ya que, si todo constituye en realidad un gran entramado de relaciones, en última instancia, un gran mercado, la obra artística recae, como dijimos, en una visión como producto consumible, del mismo modo que un par de zapatos o un saco de patatas. El arte y la cultura, hoy en día, han pasado a formar parte de un catálogo de objetos disponibles para su adquisición, mientras que Internet se ha convertido en un gran mercado de productos. Por otra parte, Internet constituye un gran mercado de capital ideológico: todas las opiniones son válidas y cualquiera puede opinar lo que crea sobre lo que quiera.

La noción de libertad absoluta que reina en Internet se ha trasladado a sus productos y, en concreto, a aquellos cuyo soporte no es físico, como los mencionados cine o música. Es decir, tanto el cine como la música no constituyen en sí mismos un objeto físico, como podría ser un cuadro pictórico o una escultura. Ambas artes necesitan ser reproducidas, excluyendo, claro está, la música en directo. Una película es imagen y sonido, algo no material y que ha de recogerse en un soporte físico que permita su reproducción, del mismo modo que una compositor actual es grabado en un estudio para que su obra inmaterial pueda llegar al público de masas, si no, la comercialización de la obra sería prácticamente inviable. La tecnología, además, no solo permite la plasmación en soporte físico, sino también su “subida” a la red mundial, a Internet, para el que la libertad constituye uno de sus enclaves ideológicos. Por otra parte, la cultura desde el siglo XX, aunque con precedentes desde el siglo XVIII, siempre se ha visto como un bien imprescindible para toda la población y, por tanto, debe estar al alcance de todos. En el momento en el que el arte abandona su función estética, para ejercer una función política, en el sentido de que el arte se instrumentaliza y se pone al servicio del hombre, el arte, que integra el sistema cultural, pasa a formar parte del gran mercado que supone la cultura, es decir, la superestructura cultural e ideológica de que hablaba Marx y, por tanto, sometida a la estructura económica. La asociación, pues, es bastante clara: si Internet permite la compartición de archivos y opiniones libremente y, por otra parte, la cultura es un bien de todos, que debe estar al alcance de todos, el arte, que integra lo que denominamos cultura, también debe estar disponible a todas las personas y, ya que Internet permite la difusión inmediata y general de la cultura, el arte, en consecuencia, ha ser libre y, en el último extremo, gratuito.

Desde luego, el proceso no es tan simple como lo hemos descrito en el párrafo anterior. Se trata de una asociación máxima, llevada a su punto extremo, pero, en cualquier caso, lo que queremos destacar es que, ya que la época en la que vivimos ha supuesto la creación de las masas y el matrimonio entre la cultura y el grueso de la sociedad, el arte, por integrar el sistema cultural, ha de estar también al alcance de todos. No obstante, el propio sistema proporciona el contrapunto: si, como hemos dicho, la obra de arte se concibe fundamentalmente como producto y el artista como productor, es necesario que el artista obtenga beneficio del producto que saca al mercado, lo cual se opone a la gratuidad del arte. Es decir, si en realidad todo es un gran mercado, la obra de arte ha de comprarse y ha de generar beneficios para su creador. Así, la piratería supone eliminar la figura del productor y quedarse únicamente con el producto, hecho que no se mantiene, por la propia configuración del sistema. Ser artista se ha consolidado a lo largo del siglo XX como profesión, lo cual implica que esas personas han de recibir algo a cambio de lo que ofrecen, aunque la utilidad de sus productos no se vea tan clara, como la utilidad de un frigorífico, por poner un ejemplo simplista.

El artista, más que nunca, desempeña una importante labor social, está comprometido con el mundo en que vive o, si no se compromete, refleja al menos el rechazo a ese mundo. Arte y contexto socio-político desde el siglo XX han ido íntimamente relacionados, ya que los acontecimientos históricos han provocado esa unión, en la que el arte se configura como un instrumento para cambiar el mundo o en lugar de evasión de un mundo opresivo. En general, el artista tiene una ideología que transmite a través de su obra, es decir, ofrece capital cultural y/o ideológico al mercado, además de un producto meramente físico, sea libro, cedé o película, del cual se benefician más los intermediarios de la relación comercial que el propio artista, en muchas ocasiones. En cualquier caso, es necesario que el artista obtenga por lo que ofrece, de la misma manera que no dudamos en pagar por un ordenador o, mejor aún por su inmaterialidad, por la defensa de un abogado en un juicio. Proponiendo un ejemplo simplón en el que recordemos la época de nuestros estudios, nadie que asista regularmente a clase y se tome su trabajo en serio (el artista) querría, después del esfuerzo que supusieron los trabajos, los exámenes y los apuntes (la obra de arte), que al día siguiente, por no decir, el mismo día, la facultad entera (el mundo) los tuviera a su disposición para hacer con ellos lo que quisiera, sea verlos, leerlos, usarlos para lucrarse, modificarlos, etc.

Dicho esto, no debemos apartarnos de la realidad actual. Es cierto, según lo que hemos defendido, que el arte debe ser recompensado económicamente para que su creación, difusión y recepción puedan continuar, pero este hecho no legitima que el valor económico sea el que le apetezca a quien coloca el producto en el mercado, que, como sabemos, la mayoría de las veces, no es el propio artista, sino todos los intermediarios (compañías discográficas, productoras, editoriales, etc.). Así, fruto de un capitalismo extremo, que nos ha llevado a una crisis general y de amplísimo calado a nivel mundial, los precios de los objetos culturales son extraordinariamente desproporcionados. De modo que, si enfrentamos a una sociedad que cree que la cultura ha de ser accesible para todos, en concreto, la juventud, contra un sistema que explota al consumidor y lo somete a unos precios desorbitados, el consumidor opta por hacer uso de la piratería, que le permite acceder al objeto no solo al instante, sino gratuitamente, en lugar de pagar ocho euros por ver una película en un cine convencional, por poner un ejemplo. No consideramos cierto, por tanto, que la sociedad quiera ser “pirata”, es decir, quiera “robar” a los creadores intencionadamente, sino todo lo contrario, se trata de una consecuencia del sistema, como reacción contra él. En general, todos nosotros o al menos la gran mayoría, pagaríamos por ver una película en el cine si valiese tres euros, como sucede en muchos cines alternativos y polvorientos y que, evidentemente, no pueden permitirse reproducir los últimos filmes por el alto coste que supone. La mayoría de nosotros compraríamos cedés si, en lugar de veinte euros, nos valiesen cinco, no solo por la emoción de un original, sino por las ventajas que suele ofrecer (diseño, libreto, extras, etc.). Es decir, no incurrimos en un delito con la intención de robar, sino que lo hacemos porque la otra opción es inviable y, aún cuando nos la podemos permitir, resulta injusta y desproporcionada y, además, solo acrecienta el poderío y los beneficios de grandes multinacionales, cuyo único objetivo es seguir generando más riqueza.

Partiendo, pues, de que, por una parte, es necesario que el artista obtenga un beneficio de su obra y que, por otra, el consumidor debe poder tener acceso económico a ese material, es necesario establecer un equilibrio entre la ganancia y el precio, para que el propio sistema no colapse. Así, plataformas como Spotify, en la cual, por un módico precio mensual puedes acceder a una vasta biblioteca musical, se convierten en recursos completamente válidos y exigidos por los consumidores. Además, este tipo de sistemas demuestran, como mencionamos, que el consumidor, en general, sí está dispuesto a pagar el precio del producto, los denominados “derechos de autor”, siempre y cuando estos sean razonables y proporcionados: Spotify cuenta con miles de usuarios que pagan su cuota mensual, ya que proporciona muchas ventajas con respecto a su uso gratuito, y sus precios son “normales”. Lo mismo podríamos decir de iTunes u otro tipo de programas, que muestran la necesidad de crear algo similar para el cine o la televisión, ya que, si no se produce un cambio, el sistema acabará siendo insostenible.

Por otra parte, esta sociedad actual, global e interconectada, ha modificado enormemente la capacidad crítica del ser humano. Internet y las posibilidades que ofrece han generado una mentalidad, a la vez que una necesidad, parafraseada en el aquí y el ahora, es decir, toda la información posible está al alcance de la mano a través de un ordenador, un móvil o una televisión. Nuestra sociedad del bienestar, todavía persistente, ha generado un aplatanamiento total de la sociedad, en concreto, de la juventud. Los jóvenes hemos nacido con las cosas ya hechas, al menos las más inmediatas. Por otra parte, tenemos acceso a todo en cualquier momento y lugar, gracias a Internet. Se ha creado, así, una generación de indolentes, de tal modo que, por poner un ejemplo reciente, el cierre de una página web como Megaupload, que, al fin y al cabo, te permite obtener ilegalmente (si no pagas por su versión premium) series, películas y música, cómodamente desde tu sofá, entre otras cosas y simplificando, crea muchísimo más revuelo, indignación y manifestaciones de protesta y rechazo que la explotación de los bancos, la agudización de la pobreza en África, el cambio climático, el abuso de las farmacéuticas o la corrupción generalizada en las instituciones públicas. El día en que se cerró Megaupload, la noticia y los miles de tweets que protestaban y gritaban “censura” no solo salieron prácticamente al mismo segundo, sino que, en una noche, se produjo un colapso mundial y medio mundo se manifestó indignado ante el cierre de dicha web, web con la que su creador también se estaba lucrando en un grado bastante excesivo, cual empresario… En cualquier caso, lo que importa destacar es qué clase de insensibilidad y de prioridades hemos generado en el mundo en que vivimos, sistema que hemos creado nosotros, pero que ha acabado por dominarnos, convirtiéndonos en sus peleles, hemos creado un monstruo, pues. La mayor parte con acceso a internet clama “censura”, porque ya no puede descargar su serie favorita para verla en sus ratos libres, perdonad, amigos, censura es lo que existe cuando en un periódico solo se nos cuentan las verdades a medias o, incluso, falsedades, porque a un gobierno no le interesa y teme que se sepa determinada información, censura es que en muchos estados no se pueda acceder a determinados contenidos por cuestiones de religión o de ideología; eso sí es censura. Lo demás es quejarse de vicio, costumbre de una generación que lo tiene todo al alcance de la mano y que, ahora, por el motivo que sea, ya no es tan sencillo de conseguir.

Parece que la sociedad está completamente absorbida e, incluso, de acuerdo con lo que nos imponen desde el sistema: se reducen los derechos laborales, se incrementa la pobreza, nos explotan con los precios, se privatizan la educación y la sanidad, etc.; con todo este panorama, hay muy pocas manifestaciones y protestas, en proporción con las que provocó el ejemplo que propusimos. ¿No sufrimos un desajuste en las prioridades? Hemos creado una sociedad completamente individualista dentro de un marco global, en el que impera el “que me quede como estoy”. En un momento en el que contamos con la suerte de poder acceder a todo, sustituimos el antiguo refrán por “ojos que no quieren ver, corazón que no siente”, de tal manera, que la sociedad no quiere saber nada de lo que suceda en el mundo, mientras no afecte a su propia posición (incluso, aunque afecte, mientras no sea demasiado o nos lo proporcionen en dosis pequeñas, apenas imperceptibles).

En suma, pretendemos demostrar con este breve artículo que, a lo largo del siglo XX y en lo que llevamos de siglo XXI, el mundo desarrollado en que vivimos se ha convertido en un gran mercado, en el que, en consecuencia, el arte también se ha mercantilizado, convirtiéndose en un producto de la sociedad de masas que integramos. Esto es algo incuestionable y, fruto de ello, se percibe como evidente que, si la obra de arte es un producto, ha de obtenerse beneficio de ella, con lo que el artista debe ser recompensado por el trabajo que desempeña, pues, como vimos, el arte también es un oficio. Esta idea, sin embargo, ha sido manipulada y explotada por las grandes empresas y por el sistema económico, en último caso, lo cual ha propiciado una mentalidad de ganar y solo ganar, sin escrúpulos ni respeto por el consumidor o por el propio producto. Consecuencia de todo esto es la piratería, que se configura como reacción ante esta explotación ejercida por el sistema. Ello exige un cambio notorio en las bases de este, que suponga abaratar precios y facilitar el acceso, con lo que el público se ampliaría y los beneficios se mantendrían equilibradamente, de acuerdo a los precios y las ganancias. Por otra parte, el sistema y su presión consumista han provocado en la sociedad una insensibilidad general, ciega consciente ante los problemas reales y cuya única preocupación son los objetos de consumo. La cuestión reside en plantearse por qué hemos llegado hasta este punto y cómo podemos cambiar los cimientos del sistema, es decir, lo importante no es ver y protestar porque ha cerrado una página web, sino plantearse por qué la han cerrado, qué peligro suponía y cómo podemos crear unas nuevas bases equilibradas, en las que sean los individuos los que marquen las pautas y no los poderes económicos.

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Sonia Rico Alonso es licenciada en Filología Hispánica por la Universidade da Coruña (UDC). Colaboradora en los proyectos de investigación de la UDC relacionados con la literatura hispanoamericana.

1 Walter BENJAMIN, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, ed. Juan BARJA, Félix DUQUE y Fernando GUERRERO, Madrid, Abada, 2006. | Volver al texto

2 José ORTEGA Y GASSET, La deshumanización del arte, ed. Luis DE LLERA, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005. | Volver al texto

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DOS CAMINOS PARA LA LIBERTAD DE CONCIENCIA: LA CONVERSIÓN FORZADA Y EL DIÁLOGO IMPOSIBLE. NOTA SOBRE LA LIBERTAD DE CONCIENCIA EN PIERRE BAYLE

por Víctor Bedoya Ponte

Una de las grandes tentaciones que padece el lector cuando trabaja en el estudio de cualquier autor en la historia de las ideas es la de apresurarse a señalar los puntos esenciales de su reflexión. Es común querer abarcar, así, por medio de un grupo más o menos selecto de términos o locuciones que designen posiciones o doctrinas filosóficas, toda la evolución del pensamiento del autor, relegando para ello, por otro lado, sus reflexiones restantes a un plano secundario. A esta tendencia se añade otra que la complementa naturalmente, y que consiste en rastrear las posibles conexiones entre esos grandes problemas. Aquí entra en juego, evidentemente, el presupuesto, razonable sin duda, de que el autor estudiado mantiene una coherencia suficiente entre sus posiciones, de manera que es legítimo preguntarse de qué manera habría aceptado él la relación entre ellas. Es obvio que resulta arriesgado querer trazar azarosamente una línea o líneas entre los grandes problemas, que acaso no posean un vínculo mayor que el que se le antoja al estudioso. Sin embargo, cabe la posibilidad de que el autor no estuviera en desacuerdo con dicho vínculo, y uno no puede evitar experimentar un cierto placer a aventurar hipótesis de este género. En realidad, la mejor manera de verificar estas hipótesis es adentrarse en los escritos en cuestión y averiguar si los denominados grandes problemas lo son realmente después de una visión de conjunto de la producción literaria del autor, y, sobre todo, si la relación entre ellos puede ser debidamente justificada.

Me propongo, así pues, especular sobre la posibilidad de un vínculo entre dos de los problemas nucleares del pensamiento de Pierre Bayle (1647-1706), a saber, la definición y fundamentos de una doctrina de la tolerancia religiosa y civil y el de la interpretación del enigma del mal teológico. Ahora bien, los factores que dificultan mi tarea son abundantes.

I

Para empezar, las circunstancias en que abordó dichos problemas eran bastante diferentes. Bayle trabajó sobre la necesidad de la tolerancia religiosa espoleado por una situación que él experimentó de manera especialmente aguda: a resultas de la Revocación del Edicto de Nantes (22 octubre 1685), los protestantes franceses, como él, debían convertirse al catolicismo o bien abandonar el territorio francés. Las tropas reales, desde antes incluso de la publicación del Edicto, fueron enviadas a practicar conversiones forzadas y a perseguir a quienes opusieran resistencia. En una de estas incursiones, alcanzaron el pueblo de Bayle (Carla-Bayle, Ariège, Toulouse) y prendieron a su hermano Jacob (10 junio 1685), como medida de presión para Pierre. Meses después moría el prisionero en la cárcel. Un año más tarde se publicaba el Commentaire Philosophique sur les paroles del’Évangile selon s. Luc chap. XIV vers. 23. “Et le Maître dit au Serviteur, va sur les chemins&parleshaïes, et contrain-les d’entrer, a fin que ma Maison soit remplie”1, donde Bayle formulaba una defensa apasionada de la libertad de conciencia, en la que los remordimientos provocados por la muerte del hermano desbordaban su pluma. Por otro lado, las primeras reflexiones de peso sobre la problemática del mal se encuentran en el Dictionnaire historique et critique2, obra compuesta en Rotterdam, donde gozaba de una situación algo más bonancible. Las circunstancias y los intereses de Bayle habían cambiado en buena medida, pero sería precipitado creer que abandonaba completamente sus posiciones anteriores.

Otro grupo de dificultades atañe a los presupuestos tan diferentes que subyacen a ambos problemas. La defensa de la tolerancia del Commentaire se fundaba en una refutación del sentido literal del pasaje que daba título al libro: un texto bíblico no debía ser tomado al pie de la letra si de esta lectura se infería la necesidad de cometer crímenes en defensa de la voluntad de Dios — me es imposible detenerme aquí en los detalles de esta exégesis. Además, Bayle desarrollaba la convicción de que la razón era una facultad común a todos los hombres: todo individuo habría recibido de Dios un don, la inteligencia, que debía ejercerse para la búsqueda de la verdad; de este modo, si la razón se aplicaba con honestidad, debía ser respetada en sus conclusiones.

Or est-il que toute loi qui oblige à agir contre sa conscience, est faite par un homme qui n’a point d’autorité de la faire, & qui passe son pouvoir,

Donc toute telle loi est injuste.

Pour montrer la vérité de ma seconde proposition, je n’ai qu’à dire que toute l’autorité des Souverains vient ou de Dieu immédiatement, ou des hommes qui entrent en societé sous certain[e]s conditions.

Si elle vient de Dieu, il est clair qu’elle ne s’étend pas jusqu’à pouvoir faire des loix qui engagent les Sujets à agir contre leur conscience ; car autrement il s’ensuivroit que Dieu pourroit conférer à l’homme le pouvoir d’ordonner la haine de Dieu, ce qui est absurde & nécessairement impossible, la haine de Dieu étant un acte essentiellement méchant3.

Aun cuando el sujeto adoptase posiciones heterodoxas o ateas, era obligación de las autoridades religiosas y civiles garantizar el ejercicio libre de la conciencia, en el cual debería reconocerse la voluntad de Dios. Por consiguiente, constituía un crimen forzar a los hombres a actuar en contra de los principios dictados por su conciencia, y no era posible leer el Evangelio como si justificara estas actitudes extremas. Desde este punto de vista, Bayle asumía una concepción de la razón como un instrumento capaz de sacar a los hombres de la confusión y de la barbarie que habían provocado las guerras de religión.

Sin embargo, la problemática del mal implicaba una redefinición bastante más pesimista y escéptica de la razón humana. Cuando comenzó a preguntarse sobre los problemas derivados del dogma del pecado original, Bayle tenía en mente a un grupo de teólogos reformados, los arminianos, que defendían una lectura más racional de los dogmas religiosos. Sostuvo que, si un cristiano trataba de demostrar su doctrina, de probarla por medio de argumentos racionales, no podría nunca triunfar sobre un pagano o un incrédulo que supiese defenderse en el terreno dialéctico. Éste podría siempre, en efecto, echar mano de diferentes razones para probar sus tesis propias, y ningún acuerdo sería posible. Esta visión desencantada y escéptica de la razón partía del reconocimiento de unos “prejuicios”, en una discusión filosófica, que determinaban el curso de la argumentación filosófica y que impedían un acuerdo real y duradero sobre algún punto dado. La debilidad intrínseca de la razón parecía contrastar con la confianza que se desprendía de la primera obra de Bayle, donde se ensalzaba el ejercicio de dicha razón en tanto que regalo de Dios. Este cambio tan drástico de posición no dejó de escandalizar a los adversarios de Bayle, los teólogos racionales, que habían creído encontrar en el autor del Commentaire un aliado para su defensa racional de la religión reformada. Para el Bayle del Dictionnaire y de sus últimos años, si se intentaban explicar los misterios por medio de la razón, se corría el riesgo de pervertir el núcleo de la creencia, de la fe: se trata de dos esferas separadas, que deberían mantenerse en contacto pero sin que se superpusieran la una a la otra. En este sentido, creo que Bayle se mostraba bastante calvinista y enlazaba claramente con una línea de pensamiento que pasaba por san Agustín4 y llegaba hasta la teología del misterio de san Pablo.

II

En realidad, los dos grandes problemas del pensamiento de Bayle parten de supuestos y de enfoques bastante diferentes. La doctrina de la tolerancia es la respuesta teórica a una situación histórica en la que se ejecutaban conversiones forzadas: se trataba, para Bayle, de combatir, desde su posición de escritor, las medidas de represión adoptadas contra los protestantes franceses por monarca del que, a pesar de todo, se declaraba súbdito incondicional. Así, era preciso erradicar toda conversión violenta, aunque seguiría siendo legítimo intentar conversiones por la discusión y la reflexión compartida:

J’examinerai ailleurs l’illusion de ceux qui disent que les Princes ne prétendent pas faire des loix contre la conscience, mais faire changer aux gens par les menaces & par les peines temporelles ; mais je dirai par avance que s’ils peuvent faire cela, ce n’est nullement en vertu de la parabole [Bayle se refiere a la del Oblígales a entrar] ; c’est par des raisons de Politique, lors qu’une secte leur est justement odieuse, par raport au bien public ; & en ce cas-là, s’ils croïent que son peu d’attachement pour la Patrie vienne de sa Religion, & qu’ils voient que les moïens naturels & légitimes de la convertir, qui sont les conférences amiables, les livres, les instructions familieres, ne la convertissent pas, ils peuvent, le jugeant nécessaire raisonnablement au repos de leur Etat, leur ordonner d’aller demeurer ailleurs, & d’y transporter sûrement leurs biens & leurs familles5.

Parecía, pues, posible y, más aún, legítimo, intentar una conversión recurriendo exclusivamente al diálogo, a las conversaciones amistosas, a las lecturas recomendadas, procedimientos que no transgreden la autonomía de la conciencia individual. En cambio, el insistir sobre el enigma del pecado original forma parte de una estrategia más amplia orientada a refutar la posibilidad de una conversión no violenta, como la que Bayle había considerado posible y legítima, es decir, por un intercambio pacífico y respetuoso de argumentos y réplicas. Las raíces de esta segunda problemática se encuentran probablemente, en mi opinión, en las discusiones desarrolladas a lo largo del siglo XVII en las Provincias Unidas sobre la posibilidad de introducir elementos del pensamiento cartesiano — entendido en sentido amplio, es decir, como un conjunto de reglas para obtener un conocimiento seguro y suficiente — en la teología reformada. Así, por ejemplo, Johannes Cocceius (1603-1669) había propuesto, con objeto de reforzar la estrategia argumentativa de la teología reformada, recurrir a la noción de duda metódica: a través de un ejercicio crítico, el creyente debía analizar las bases y los principios de su fe, para evitar que el cuerpo de los fieles adoptasen un dogma o una doctrina por meros motivos de conveniencia social; se trataba, en suma, de verificar la exactitud de la creencia. Algunos representantes del calvinismo ortodoxo, como Gisbert Vœtius (1589-1676), vieron en estas tesis un serio peligro para la religión, puesto que dicha duda parecía más proclive a minar la fe y a suscitar actitudes pirronianas que a reforzarla6. Estas disensiones en el seno de la teología reformada llegó seguramente a oídos de Bayle y es muy probable que él quisiera manifestar su posición en un debate análogo entre calvinistas ortodoxos y arminianos. Así pues, habría elegido las dificultades derivadas del dogma del pecado original para mostrar la imposibilidad de elaborar una demostración racional de la religión cristiana. En cierto modo, el hecho del mal vendría a demostrar que las conversiones “amistosas”, aquellas que procedían más bien por medio de argumentos, refutaciones, réplicas, por el ejercicio, dicho de otro modo, de una razón crítica, estaban condenadas al fracaso.

III

Una posible conexión entre el problema de la tolerancia y el del mal en la obra de Bayle ha sido señalada recientemente por Michael W. Hickson7. Este investigador canadiense sugiere que el hecho de insistir sobre el enigma del pecado original debería entenderse como una estrategia para reducir al ridículo la posición que se quería combatir filosóficamente: en tal caso, sólo poseería un valor dialéctico, destructivo, y respondería, en última instancia, a la voluntad absolutamente intolerante de un teólogo en su celo por aniquilar otras posiciones o confesiones religiosas enemigas de la suya. Así, la objeción fundada sobre la insondabilidad del hecho del mal sólo se formularía cuando un teólogo quisiera poner a un teólogo rival en dificultades, de manera que carecería en sí misma de relevancia para la doctrina defendida.

The problem of evil arises only in the first sense, when one sect accuses another of teaching that God is the author of sin by their particular theological dogmas. No Calvinist, for example, believes that God is the author of sin; but if you ask a Catholic, then all Calvinists should believe this, for the Catholic would say that if flows logically from the pessimistic theology of Calvin. Such accusations do not result in amicable discourse or mere leisurely debate, as Maxime notes through a quotation from Bayle: “all the Christian sects are accused of teaching that God is the author of sin defend themselves as from a horrible blasphemy and an atrocious impiety, and they complain of having been slandered diabolically”8. Since the accused sect feels threatened, they “recriminate against their adversaries all the same difficulties”, and the dispute is begun. The problem of evil is thus always the product of heated, intolerant theological debates9.

Hickson infería de aquí que la única solución para el problema del mal sería comprometerse a desarrollar un diálogo “tolerante”, permitir las opiniones contrarias se formulasen en un contexto amistoso y que se discutan sin querer aniquilarlas. Si el teólogo admitiera que sus adversarios podrían tener razón sin menoscabo de su doctrina propia, que se podían desarrollar lecturas y mantener posiciones alternativas sin dañar la santidad del mensaje cristiano, se pondría fin a los desmanes de la rabies theologica, en cuya espiral se movieron las controversias tanto entre católicos y reformados como entre los mismos reformados durante los siglos XVI-XVII. De este modo, según Hickson, el vínculo existente entre los dos problemas cruciales del pensamiento de Bayle sería que, para evitar el nacimiento del enigma del mal, una política de la tolerancia es necesaria.

Sin embargo, sostengo que esta interpretación minimiza la relevancia del problema del mal, que es absolutamente central para Bayle. El hecho del mal, la experiencia cotidiana de la injusticia, del dolor o de la enfermedad, contrariamente a lo que él piensa, no sólo causa perplejidad cuando es empleado como argumento en una disputa teológica intolerante: resulta incompatible con una definición de Dios según la cual es bueno en el mismo sentido que los hombres. Si se parte de esta definición, cualquier reflexión que se pretenda racional debe chocar necesariamente con la imposibilidad de conciliar la bondad, la omnipotencia y la santidad divinas con la experiencia constante del mal — que es el núcleo, pues, de toda Teodicea. En este sentido, el fenómeno del mal debe ser entendido más bien como un signo de la debilidad del conocimiento y de la razón humanos en general, como un límite de la doctrina religiosa, y no simplemente como un ardid más o menos sutil para hacer callar a teólogos de confesiones opuestas.

IV

En realidad, si se analizan las cosas más de cerca, la relación entre los dos problemas, el de la tolerancia y el del mal, parece ser la contraria: toda persuasión racional sobre la religión fracasa, y no existe modo alguno de demostrar la validez o la invalidez de una posición de forma definitiva, sino que, como le gustaba decir a Bayle, la razón es una “feria”:

On s’abuseroit grossierement si l’on croïoit que notre Raison est toûjours d’accord avec elle-même ; les disputes innombrables dont les Ecoles retentissent sur presque toutes sortes de sujets prouvent manifestement le contraire. La Raison est une foire où les sectes le plus diametralement opposées vont faire leur provision d’armes ; elles se batent ensuite à toute outrance sous les auspices de la raison, & chacune rejette quelques-uns des axiomes évidens10.

Bayle está ejecutando aquí una profunda revisión de la noción de evidencia empleada por Descartes, cuyos detalles me es imposible abordar en este trabajo11. Me limitaré a decir que, para él, la razón humana puede encontrar argumentos evidentes a favor de cualquier tesis, y, por consiguiente, una disputa racional no puede clausurarse con un vencedor claro. Esta circunstancia no le impide estar profundamente convencido de la bondad divina en virtud de un axioma evidente que lo establece, pero, según su propia crítica, no puede hacer que otros hombres asuman este axioma.

Si observamos los problemas con un poco de distancia, el Bayle que escribió el Commentaire rechazaba las conversiones violentas por motivos principalmente morales y éticos, que tenían sin duda un fundamento religioso remoto — Dios no podría querer que una criatura fuese contra su propia conciencia. En cambio, el Bayle del Dictionnaire negaba incluso las conversiones pacíficas por motivos de orden epistemológico o gnoseológico: la persuasión racional sería imposible por las limitaciones del entendimiento humano. En este sentido, cabe entender que la tolerancia religiosa y civil se convierte en la única actitud viable. Es preciso ser tolerante porque, a fin de cuentas, no se puede estar completamente seguro de que la confesión religiosa propia — o, en un contexto más amplio, la dirección política — pueda ser defendida con soltura ante las objeciones que le puedan llegar. En realidad, la tolerancia vendría a imponerse, bajo cierto punto de vista, por simples motivos prácticos: es imposible establecer que la tesis propia es mejor que otra, de modo que la mejor solución para la convivencia es la tolerancia.

Víctor Bedoya se licenció en Filosofía por la Universidad de Sevilla en 2006. Ha hecho un doctorado en Filosofía en la École Normale Supérieure de Lyon – Lettres & Sciences Humaines. Acabó su tesis, titulada LeDieuincompréhensibledudernierBayle.ÉtudesurlesnotionscommunesdanslesEntretiens de Maxime et de Thémiste (1707) en enero de 2012. Le interesan sobre todo cuestiones relacionadas con la teología y la metafísica en los siglos XVI-XVII, y, de un modo más general, el problema del mal y su posible explicación racional.


1 De ahora en adelante: CP. Publicado en Pierre Bayle, Œuvres diverses (de ahora en adelante: OD), La Haye, Compagnie des Libraires, 1727, II, 355-560. | Volver al texto

2 Rotterdam, chez Reiniers Leers, 1ª éd. 1697; 2ª ed. 1702. | Volver al texto

3 CP, OD II, 384b. | Volver al texto

4 “Quid ad me? Si quis non intelligit, gaudeat & pise, dicens: Quid est hoc? Gaudeat etiam sic; & amet non inveniendo invenire potius, quàm inveniendo non invenire te” (“No me importa que alguien no entienda esto. Gócese también éste y diga: ¿Qué es esto? Gócese así, y más quiera hallarte no hallando, que hallando no hallarte”). Agustín, Confessiones, Coloniae Agrippina, apud Baltasarem ab Egmont et Soc., 1683, lib. I, cap. VI, 10 (trad. española Pedro Rodríguez Santidrián, Madrid, Alianza Editorial, 2005) | Volver al texto

5 CP, I, IV, 385a. | Volver al texto

6 Para un visión de conjunto de estas discusiones, véase el excelente trabajo de Ernestine Van Der Wall “Orthodoxy and scepticism in the early Dutch Enlightenment”, en Scepticism and irreligion in the seventeenth and eighteenth century, ed. Richard H. Popkin y Arjo Vanderjagt, Leiden, Brill, 1993, 121-141. | Volver al texto

7 Michael W. Hickson, “The Message of Bayle’s Last Title: Providence and Toleration in the Entretiens de Maxime et de Thémiste”, Journal of the History of Ideas, LXXI, 2010, 547-567. | Volver al texto

8 Entretiens de Maxime et de Thémiste (de ahora en adelante: EMT) 1707, incluido en Pierre Bayle, OD IV, I, 10b. | Volver al texto

9 Michael W. Hickson, “The Message of Bayleʼs…”, art. cit., p. 563. | Volver al texto

10 EMT, I, VII, 23a. | Volver al texto

11 He desarrollado este aspecto de la filosofía de Bayle, en relación sobre todo con su última obra, los EMT, en mi tesis doctoral Le Dieu incompréhensible du dernier Bayle. Étude sur les notions communes dans les Entretiens de Maxime et de Thémiste (1707), dirigida por Pierre-François Moreau y Miguel Benítez, École Normale Supérieure de Lyon y Universidad de Sevilla, 2012, cap. IX, pp. 151-183. | Volver al texto

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LOS COMENSALES

por Alberto Carpio

 

Querido Voltaire,
no me caben las palabras, no me sanan,
no sé cómo decirte, me siento un estúpido,
me acosan tantas páginas vanas sobre el bien,
tantas grandes palabras huecas
son un manto de barro sobre mis huesos,
mi carne es el mantillo de las cenizas de Lisboa,
la realidad se impone mi hermano,
no he visto aún a los niños ni a las mujeres,
sé que las iglesias se cayeron sobre las cabezas de sus familias
y no sé cómo se honra a los muertos,
ni cómo se les dice si ya no les importa.
Sobre la cama tibia
esta noche me ofrecerá su cuerpo una mujer viva y caliente,
me entregaré a su calor para hacer cesar las palabras.

Querido hermano, el asedio es inevitable,
no hacen falta bárbaros a las puertas de Constantinopla
el enemigo es muy otro,
mejor no contribuir a su encubrimiento,
mejor no decir tantas palabras para enturbiar los cuerpos y su dolor.
La arquitectura y los siglos y siglos de letanías y cantos
no esconden el momento crucial de la carne,
Eloim, Eloim, lama sabacthani
el velo material de las costumbres ha caído,
tampoco nosotros encontraremos los conjuros para tanto miedo,
sepamos ser humildes en la carne
como no lo fuimos en el verbo.

 

Alberto Carpio nació en 1983 en Sevilla, estudió Filosofía en la Universidad de Sevilla, y actualmente debería trabajar en su doctorado en la Universidad de Valladolid con una tesis sobre Claudio Rodríguez, pero realmente trabaja como profesor de instituto de lengua y literatura. En noviembre del año pasado ganó el Premio de Poesía Emilio Prados con su libro Los comensales (Pre-Textos, 2012), que tiene relación con la comida pero sobre todo con el comensalismo; la relación que se establece entre un animal que obtiene beneficio de otro sin dañarlo, como metáfora de cómo habitan en nosotros o habitamos en las personas –y escritores– que tratamos.

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OCIO, NEGOCIO, ESTUPIDEZ Y MALICIA. CONSIDERACIONES MÍNIMAS SOBRE EL PRESENTE

por Eva Valcárcel

 

Todo existente que se aleja de la naturaleza desaparece.

Pero la naturaleza no acepta copias ni suplantaciones. Aunque el hombre sí. La estupidez primero, la malicia como instrumento de los hábiles, y la candidez tenebrosa o la ingenuidad maligna después, lo llevan a crear reservas, no lugares en los que su depredación se modere con el solo interés propio, interés en tener dejando morir. Podríamos hablar de animales salvajes o de habitantes de naciones en vías de desarrollo, o de mujeres.

Parece que el hombre se ha alejado de su naturaleza y muere. El niño juega con gatitos y cerditos de plástico, en un acercamiento neutro y sin conflictos, pero cuando crece es educado para que se aleje de todo lo que no sea civilización, es decir, sociedad normalizada y legislada, igual; pretendidamente sofisticada y evolucionada.

Evolucionada ad infinitum. Sociedad de bienestar, pretendidamente lejos del moco del pavo y con seguridad cerca de las babas del diablo. Ese grupo humano, éste, el que me es coetáneo, alejado de su bios puede ser conducido al redil sin rebelión. Y los animales de la granja son, también en el ejemplo orwelliano, existencia desnuda, matan y dejan vivir, piensan por su cuenta, actúan, no se dejan morir legislados por los conductores sociales.

Lujo o mierda. La natural incomoda, y los gestos sociales insisten en el modelo civilizado, en el que la defecación creada se entiende como lujo necesario, se consume, se mastica con delectación. Su digestión produce flato pero eso se arregla con remedios creados por el mismo sistema, que produce remedios nuevos contra el remedio último, y así sucesivamente, en una cadena de despropósitos que llega a exhibir, como resultado, la ignorancia y la codicia, la ignodicia, en un gesto de arrogancia por su volumen de negocio.

Los niños bien educados, con su correcta inteligencia escolar, prefieren sapos de plástico, porque son suaves y no huyen a sus caricias, y sus padres jardines de plástico porque no hay que pagar al jardinero y el jardinero, bambú de plástico, porque el que usted tiene mancha mucho, porque se le caen las hojas.

Estupidez, porque nos ha tocado de chiripa ser la especie dominante. Estupidez y malicia, conjunción de éxito. El que ignora no tiene conciencia y actuará naturalmente contra la naturaleza, contra el otro, decididamente y sin fisuras morales.

No ser normal, no tener razón, entender como un mal aquello de lo que se enorgullece nuestro grupo es ser intempestivo o contemporáneo. Nietzsche, Agamben, Cioran, Valente: ejercicios de admiración.

Negarse a ser nadie con alma de consumidor, que compra, contamina y paga; si deja de pagar es empujado a la muerte porque la vida es de los que pueden pagarla.

Escucho que alguien ha creado un negocio de referencia en la innovación, aplaudido en un congreso de emprendedores. Se trata de embotellar agua del mar, en plástico, por supuesto, y venderla por un euro el litro. El negocio se justifica porque se puede hervir el marisco con ella en los lugares en donde el mar no esté a mano. No miento. Avanzo mares desecados y costas paupérrimas con peces putrefactos sobre un lecho de arena con vómitos fecales. El mar se habrá ido a un lugar en el que lo pagaban mejor, se habrá privatizado y convertido en bien de consumo. Y habrá individuos incontrolables que no compren un litro de mar por un euro, pocos, pero si privatizamos el aire, también los tacaños (si no son extremadamente pobres) tendrán que respirar…

Juguemos fuera del tiempo. Y juguemos al entretenimiento. Jugar. Toda aspiración contemporánea es conducida hacia el entretenimiento, no hay nada mejor que hacer que entretenerse. En su lugar, deberíamos ocuparnos en no dejarnos morir.

No tengo tiempo para poder entretenerlo.

No.

No creo.

No tengo fe.

No quiero mentir.

Me emociona el florecimiento de las orquídeas.

Me emociona la imperfección de la línea horizontal.

 

Eva Valcárcel es profesora de la Universidade da Coruña. Ama el pensamiento y a los pensadores. Cuando estudiaba se sintió atrapada en la telaraña escéptica de Emil Cioran. Lo visitó en París cada año hasta su muerte. También después de muerto. Reverencia a Huidobro y a Valente. Y se siente afortunada porque cuenta cada año con la mirada hialina de jóvenes alumnos extraordinarios dotados por la perplejidad y el talento.

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PENSAR, CREAR, COMUNICAR… RESISTIR

Tras más de un año de proyectos, planes, debates y discusiones en las que los miembros del Grupo HORIZONTAL hemos alternado periodos de actividad frenética con otros de espera e incertidumbre, por fin, con gran ilusión, damos el pistoletazo de salida a nuestra revista. El lector tiene ante sus ojos el primer número de HORIZONTAL, revista de resistencia intelectual y artística.

Cuando, en la primavera de 2011, el mundo comenzó a revolverse ante lo que la historia recordará como los hechos más vergonzosos de nuestro tiempo, un atisbo de esperanza empezó a iluminar, aquí y allá, el siniestro panorama que unos indeseables y autoproclamados “nuevos jefes” venían imponiendo con una soberbia que, ya desde hacía tiempo,se había liberado de cualquier tipo de pudicia.

El valor de los pueblos del Norte de África, primero; la capacidad de subversión de los indignados españoles, después; prendieron la mecha de una oleada de contestación civil que se extendió por todo el planeta con una rapidez y una fuerza inusitadas desde, por lo menos, la revolución de 1968.

Algunos de nosotros seguíamos y apoyábamos las movilizaciones del 15-M en España, mientras nos manteníamos alerta de lo que pasaba dentro y fuera del país: las brutales represiones en África, la criminalización de los manifestantes en diversos países de Europa y América, la profunda incomprensión del 15-M por parte de políticos e instituciones de todos los signos en España y la estupidez política internacional, azuzada por los agentes de un capitalismo salvaje y terrorista. Al mismo tiempo, éramos conscientes de aquellos elementos de la protesta civil española que la hacían más vulnerable a los ataques malintencionados de la casta política, los dueños y gestores del capital y los medios de comunicación asociados a ellos.

Decidimos que era nuestro deber actuar contra estos ataques y en favor del desarrollo de la contestación civil de la única manera en que consideramos que podríamos hacer una aportación valiosa: como trabajadores intelectuales y como artistas, decidimos pensar, crear y comunicar. Y quisimos hacerlo desde un posicionamiento claro e incontestable. Por ello nos constituimos en asamblea permanente y creamos HORIZONTAL, un grupo de resistencia intelectual y artística declaradamente de izquierdas y alejado de cualquier forma de jerarquía entre sus miembros.

Nuestro único objetivo, hacia el que se orienta toda nuestra actividad como grupo, se puede resumir en el lema con el que Stéphane Hessel cierra su manifiesto ¡Indignaos!: “Crear es resistir. Resistir es crear”.

Este número inaugural de nuestra revista está dedicado al pensamiento crítico, porque lo consideramos la actividad central de toda actividad intelectual o artística. Hemos solicitado colaboraciones ensayísticas y artísticas que pongan de manifiesto, por una parte, la importancia capital de la inteligencia comprometida como garante de la libertad, la igualdad y la democracia y, por otra, las formas bajo las que el pensamiento crítico se ofrece en nuestros días, a través de las nuevas formas de estructuración social, cultural e intelectual que han aflorado de las más diversas maneras a raíz de la crisis financiera y política del viejo sistema capitalo-parlamentario.

Y la respuesta no ha podido ser más entusiasta y generosa. Hemos recibido ensayos, relatos, poemas y obras gráficas desde distintos puntos de España, Europa y América. En sus trabajos, los autores reflexionan, de un modo u otro, sobre la importancia del pensamiento crítico para nuestras sociedades y para el cambio que queremos imprimir en ellas. Pero, sobre todo, todos ellos han reflexionado y creado críticamente. Todos ellos han resistido y resisten en las páginas que siguen.

Vaya por delante nuestro sentido agradecimiento a todos ellos. En estos tiempos de crisis, debemos, más que nunca, ser críticos. Debemos crear y resistir, reapropiarnos de nuestras obras, de nuestras palabras y de nuestros pensamientos. En un momento en el que unos pocos quieren poseerlo todo, es nuestra obligación, la de todos los ciudadanos demócratas, salvaguardar lo irreductible, aquello que nos define y nos hace invencibles y victoriosos ya antes de que la confrontación haya finalizado: la inteligencia.

Grupo HORIZONTAL

http://grupohorizontal.wordpress.com/

Junio de 2012

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