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Días no Imperio III o Geneve

una serie de Xavier Dapena [ver las crónicas anteriores]

“…de todas las ciudades del planeta, de las diversas e íntimas patrias que un hombre va buscando y mereciendo en el decurso de los viajes, Ginebra me parece la más propicia a la felicidad”

Jorge Luis Borges, Atlas

“La verdad es mujer”

Nietzsche

A ti, por todas las mañanas.

“Come zorra” y su rostro contra el espejo. “¿No tienes hambre?” y ella se saca sus braguitas. Y se las mete a él en la boca. Y él pronuncia un “gracias” completamente ininteligible.

“La verdad es mujer” me cuestiono. Resaca y me tomo un par de pastillas de ibuprofeno. Siempre estoy acabando de escribir algo. Que si Borges o Archimboldi. Notas. Más notas para mi artículo sobre el escritor argentino y el anarquismo. La noche pasada reverberaba en mi cabeza, como un primer borrador, y también los abrazos de Carlitos van der Linde mientras articulaba mi característico repudio contra el enfoque argumentativo y él me refutaba fácilmente, como un hijo casual de la cópula o del tiempo. Leo un ejercicio de revisionismo histórico. Es un artículo titulado «Borges y la libertad» editado por el panfleto Cuaderno de Pensamiento Político de la FAES (el think tank de la derecha española) y decido para oxigenarme la cabeza ir a la compra.

Él, porque no había duda de su apetencia, decide iniciar la noche en el Twin Peaks, un restaurante deportivo de Broomfield con muchas pantallas de deportes indistintos, hamburguesas, patatas fritas y cerveza con la particularidad de que el sostén de las meseras es simplemente un pañuelo. “Y esos ojos lánguidos…” dice. “Pero ¿quién se fija en su ojos?” dice Antonio. Somos media docena de peninsulares, en el peor de los casos catalanes e ingenieros, auténtica plaga. Joan habla de ella, de Geneve con un lenguaje mítico, siempre proclive a la hipérbole y al desencanto. De sus pechos torneados, de sus caderas de estrépito, y de ese movimiento pélvico que le parece insaciable. “Es absolutamente preciosa” dice. Tengo una premonición. “Nos tocó la Plana” dice Antonio, mirando con resignación a nuestra camarera y ante el asentimiento general. “Es una salida de machos, así que nada de churris”, dijo Joan. Las horas de la noche seguían un curso previamente trazado. Él, porque su deseo desbordaba sus pantalones, había prohibido las parejas. La familia mexicana de nuestro lado se escandaliza más bien a ratos, a pesar de la sonrisa cómplice del padre. Nos hacemos fotos con las camareras como si fuera un ritual. Joan se arrodilla en la entrada y grita “Hoy es noche de striptease, perras”.

Ella siempre era así aunque sin bragas sea ilegal. “Come zorra” y volvía de la compra con la visible apatía de un domingo de tarde. Aquí no cierran nunca porque el capitalismo tardío tiene horario ininterrumpido. Llego a la altura del edificio de cuatro plantas donde está mi apartamento. Al doblar la esquina me sorprende una mujer muy pálida, cargada de trastos. “¿No tienes hambre?” y me pregunta si le puedo ayudar. Obviamente respondo que sí. El espejo se hace añicos. Un fuerte olor a alcohol me golpea y me pide permiso para esperar un taxi en mi casa. Su rostro contra el espejo. Ella cargaba con un amasijo de bolsas de viaje y de plástico. Le ayudo, aunque dejamos otras tantas frente al edificio. Caminamos y se queda con mi compañera de piso. Yo vuelvo a por el resto de cosas. Entron en el piso y alcanzo a entender que acaba de escapar del motel donde vivía con su tercer marido. “Es epiléptico y acaba de salir de la cárcel. Lo conocí cuando me echaron, yo estudiaba, encanto, biología, ¿sabes?”.

“Es ella” dice. Vamos al Bustop, nuestro primer strip club de la noche. “¿Eres amigo de Mike?”, nos pregunta un portero que arrastra su acento de Carolina del Norte, y Joan asevera “no”. “Pues entonces son siete pavos” dice. Estamos en el interior, vemos los espejos y un ambiente enrarecido. Es, comenta alguno, como un puticlub en España. “Este antro no los merece” dice Joan ante el visible enfado de nuestro interlocutor. Mientras nos dirigimos al aparcamiento, vemos cómo una patrulla proyecta una luz incansable y los oficiales toman notas de todas las matrículas cercanas. Nos apresuramos a nuestros coches. Nos dirigimos a Boulder y la patrulla comienza a seguirnos.

Mira fijamente el vaso de agua. Habla de un muchacho de veinte años que era su vecino y “me hizo sentir como una princesa” confesando su infidelidad. “Le puse los cuernos porque necesitaba que alguien me tratara bien”. Nos confiesa que tiene 30 años, pero aparenta demasiados. Se mueve con dificultad. Nos habla de su madre. Nos habla de su hijo. Nos cuenta que está en una casa de acogida, nos cuenta que perdió la custodia por sus problemas con la bebida. “Lucky Luke Junior”, nos dice, “así se llama mi hijo”. Rompe a llorar.

Aparcamos los coches cerca del Nitro Club y la patrulla desiste. Sacamos nuestros IDs que un par de tipos inspeccionan. Evidentemente no puedes tener menos de 21 para entrar, ni para consumir alcohol en este país, pero puedes trabajar de camarera o ser striper. Joan y Carlos juegan a ponerse un dólar delante, a modo de reclamo. La transacción consiste en que si quieres que te bailen encima debes poner alguna cantidad de dinero que ella recogerá y te dedicará unos segundos o un minuto de su baile. Hay parejas. Grupos. Joan sigue hablando de Geneve, de su blancura. Hay grupos de mujeres y obviamente estudiantes. Siento un escalofrío. No quiero encontrarme con nadie. “Tíos no habéis visto cosa igual. Fijo que resplandece en la oscuridad” dice. La danza. La danza continuaba. No recuerdo el nombre. Carlos pone tres dólares en el último momento delante de Joan. Ella, que luce exótica, los recoje y empieza a bailar, a rozarse. “Sin bragas es ilegal”, me dicen. Le pasa las tetas por su cara sorprendida. Él sonríe de forma nerviosa y por un instante piensa en su mujer. Es una convención, él no puede tocar. Y le envuelve musicalmente el cuello con sus piernas y comienza a golpearle con su sexo en la cara. “Menudo coñazo” dice Antonio entre risas.

Sabela, mi compañera, le sirve agua de nuevo. “Mi madre perdió las piernas por culpa de la heroína” nos cuenta entre sollozos. “Esta es una foto de mi padre con su hijo Osiris Love, que es adoptado y negro, y mi hijo” mientras nos enseña un puñado de fotos. Nos cuenta de nuevo que su marido es epiléptico y que le salvó la vida un par de veces, “a ese cerdo me hubiera gustado verlo morir, pero yo no soy como él”. Se tranquiliza. Va al baño. Vuelve sin el rímel en las mejillas y se disculpa con un “ahora ya no tengo charme, encanto”. “No puedo utilizar la puerta principal, porque él me estará buscando”, nos cuenta. Y llama a su madre. “Dile al puto taxi que venga por la parte de atrás ¿qué dirección es ésta?”. “No, no mamá. Estoy con una pareja muy amable de españoles. Claro mamá, estamos en América, ellos hablan inglés. Españoles de España”.

Las voces y las manos que se arman. “Yo no me llamo Juan, me llamo Joan”. “Joder, macho, tienes la independencia a flor de piel”. Discuten. Los amenazantes cuerpos de seguridad se acercan hasta que la música cambia y Joan dice “Es Ella”. Y ella entra. La absoluta palidez. Geneve. Las luces se atenúan, los gestos se meditan y los espejos se quiebran. Su rostro angelical, de no haber besado, es un recuerdo impreciso. Su mirada gélida, que resiste al olvido, se clava en Joan. Ya nadie más existe para ellos. Sus ojos se ansían, se buscan con deseo exclusivo. “El tiempo es una rémora tan humana” me dice Carlitos. Y ella se detiene. Y nos baila. Le baila.

Y ella quebrada. “Me agarró de los pelos. Y me pasó la cara por todos los cosméticos que tenía sobre la cómoda hasta romper el espejo. Mientras él me gritaba “come zorra, ¿no tienes hambre?”.

Geneve se acerca casi desnuda y le pregunta a Joan si quiere un lap dance, y él le dice que prefiere un privado. “Son 150 dólares, encanto” le dice. Se lo lleva de la mano. Se sienta. Le baila y sigue su movimientos al compás. Su blusa cae. “¿No tienes hambre?” le susurra Geneve al oído y le abraza con sus pechos. Ella se deja tocar. Cuela sus dedos por la costura. Se saca sus braguitas. Y se las mete en la boca. Él pronuncia un “gracias” completamente ininteligible. “Agradécelo con 300 pavos, encanto”.

“Luego fue todo de mal en peor, lo de mi madre, lo de Harry, mi segundo, que se me murió. Me quería tanto”. Llora. Veo su tanga tan poco íntimo que desborda el cuerpo. Se toma un par de pastillas de ibuprofeno y yo también. “Todo cambió cuando tuve al niño. Era striper ¿sabes? y trabajaba para pagarme la carrera. Y era la mejor, encanto. Hasta tenía un espectáculo propio. Pero entonces tuve al niño y luego Mike me echó” nos cuenta con algo de inocencia. “Era absolutamente preciosa” dice. Y el taxi llega. Y habla con el conductor, mientras llenamos el maletero con sus trastos. Le da un abrazo a Sabela y a mí me estrecha la mano. El conductor le suelta un piropo, que no entiendo, y ella muestra una sonrisa de libro abierto. Se va muy lentamente mientras saluda desde la ventanilla. Mi compañera y yo regresamos. Cierro la puerta. Nos miramos y pregunto “¿te dijo su nombre?”. Y ella me responde simplemente “Geneve”.

Xavier Dapena anda perdido en un departamento de Español en el Oeste americano, aunque acostumbra a rezarle a Borges y a Virginia Woolf todas las noches. Procura restringir sus escarceos sexuales a eso que algunos llaman literatura y todos los géneros subyacentes: la televisión, el cine, los cómics, la historia, la filosofía… No tiene teléfono, y suele responder tarde, con una sonrisa y silbando en este “campo de batalla constante”. Días no Imperio es el título de un poemario del poeta, periodista y, en ocasiones, músico Dani Salgado.

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Días no Imperio II o La inundación

una serie de Xavier Dapena
[ver las crónicas anteriores]

“Puedes matarme si quieres,
mi amor no lo matarás,
tengo la esperanza puesta
en volverte a conquistar,
que una vez te diste entera,
nunca lo podré olvidar,
amor.

Puedes quitarme el aire
que preciso pa’ vivir
pero no podrás quitarme
la fuerza que nació en mí
cuando mujer, cuerpo y alma
me diste en el mes de abril,
amor.

Quítame la cordillera,
quítame también el mar,
pero no podrás quitarme
que te quiera siempre más:
lo que entre dos se ha sembrado
entre dos se ha de cuidar,
amor”

Ángel Parra, Canción de amor

“La razón es el recurso para refinar las prácticas del poder,
y más específicamente del uso del poder”

Carlos van der Linde, “¡Yo mando aquí!”

A la camarada Rucia.

A ti, más que a nadie.

“¿Quién era Salvador Allende?” dije.

Rucia vuelve otra vez a cantar y “Wiyanna” será la última palabra que gritarás.

Aunque debo acabar el artículo, me dispongo a preparar la clase de una mañana inusitadamente húmeda. Quisiera decir que dedico mucho tiempo a prepararla, pero la realidad es que suelo improvisar. Cuando en un mes de abril de 1998 Derrida pronunció su conferencia titulada La universidad sin condición en Stanford, consideraba que la universidad debería ser un ámbito de resistencia de todo poder (por mucho que esta palabra le duela a Jameson), con “el derecho primordial a decirlo todo, aunque sea como ficción o experimentación del saber, y el derecho a decirlo públicamente, a publicarlo”. Con esa frase de Derrida y aquella de Miles Davis que dice “No temas a los errores. No hay ninguno” empecé titubeante la clase de este último 11 de septiembre de lluvias torrenciales. El mismo septiembre del “vamos andando, Rucia…” y de ese momento, Wesley, en que no dudarás.

La amenaza del agua llevó a un empapado Carlitos van der Linde en bañador y chanclas a plantarse ante mi puerta. El gobernador de Colorado declaró la situación de emergencia en 14 condados. 11.000 personas han sido desalojadas y las sirenas colapsan de reclamos la ciudad como si se extendiera la batalla, como si la fuerza aérea hubiera bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Y Rucia canta “puedes quitarme el aire que preciso pa’ vivir…”. Ajeno al mundo, disfrutaba de la resistente y constante lluvia, como en Galicia. Pero es Boulder, el lugar semidesértico al pie de las Rocosas, ahora convertido en ciudad-bosque y que sufre las peores inundaciones en cien años, como nos recuerdan las alarmas. Y bromeo, producto de mi hartazgo o mi ignorancia… “Que vienen los comunistas…” y mi amigo se ríe. “Bueno o son comunistas o son zombies pero lo de la sirena no es normal” afirmo. Y Rucia sigue cantando “tengo la esperanza puesta…”. Y al leerme Carlitos desde mi sofá, me repite “pelaíto, sé diáfano…”.

Te atreverás, Wesley, a pedirle para salir un día de San Valentín, porque es “la fuerza que nació en mí…”. El amor es un anacronismo esencial, decimonónico dicen, que padecemos en los tiempos del poliamor. Me enteraré de vuestra vida en el transcurso de los días. Ellos se conocían desde niños, y el paso a la adolescencia había motivado aquella hermosa historia entre Wesley y Wiyanna, ambos de apenas diecinueve años. Será otro 11 de septiembre cuando cuatro amigos regresan en coche de una fiesta de cumpleaños en Boulder. Las lluvias acrecientan el peligro del retorno por esta carretera secundaria y el agua y las rocas comienzan a golpear el vehículo. Y Rucia se vuelve y canta “quítame también el mar…”

Yo preparé mi clase. En día tan señalado había cosas que recordar. Les espeté “¿Qué sucedió el 11 de septiembre?” y la mayoría, sin saber si hablaba en serio como siempre, ponía ese rostro particular y recurrente ante el comentario extemporáneo. Apenas 10 años alcanzaban en su mayoría, cuando sucedió el ataque a las Torres Gemelas. Alguien recordó el acontecimiento, pues forma parte de la configuración de la psique norteamericana, y yo les pregunté si conocían algo más. Si no sabían de ningún otro 11 de septiembre. Tuve que ayudarles y escribí muy lentamente en la pizarra “1973”.

Mientras ella canta “lo que entre dos se ha sembrado…”, temblarás, Wesley, como nunca, este 11 de septiembre. La histeria os corroe. El torrente envuelve el coche, como si la calle se hubiera convertido en océano y en la radio repicara una triste canción. Intentarás subir al techo del Subaru para manteneros a salvo. Emily y Nathan lo conseguirán. Tú mirarás al amor de tu vida a los ojos pues “…entre dos se ha de cuidar, amor”. Subirás, porque no queda otra pues el agua está entrando desmedida. Ayudarás a Wiyanna pero vuestras manos se soltarán. Ella caerá al agua y desaparecerá en la corriente. Gritarás. Gritarás su nombre. Mirarás a Emily. Y ni siquiera un instante. Ni siquiera un instante dudarás en saltar al agua para salvarla, pues “mi amor no lo matarás…”

Y pregunto “¿Quién era Salvador Allende?”. Nadie levanta la mano. Repito la pregunta. “¿Quién era Salvador Allende?” y una mano se alza entre la clase. Una voz temblorosa dice: “Allende fue un gran líder que creía verdaderamente en la igualdad para todos y esta creencia y el poder de su voz entre la gente asustó a los poderosos, especialmente a los Estados Unidos”. Habla a la clase Franky Navarrete, que se declara descendiente de chilenos. Yo les pongo fragmentos del último discurso del presidente “colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo” y su voz se extiende por la sala, pues parece que la fuerza Aérea ha bombardeado las torres de radio. Las alarmas. No niego mis fuentes, les hablo de diferentes páginas como Marxists.org y el National Security Archive de la Universidad George Washington, donde se encuentran los documentos desclasificados de la CIA y el FBI, por si tenían dudas. “La razón es el recurso para refinar el uso del poder” me dice al oído Carlitos. Y Franky prosigue: “Estados Unidos ayudó a un golpe militar, que asesinó al democráticamente elegido Allende y puso en su lugar al dictador Augusto Pinochet. Pinochet durante diecisiete años destruyó el país, asesinando, torturando, deteniendo y haciendo desaparecer a miles de personas” y el silencio embargó a la clase.

“Nunca lo podré olvidar, amor” canta Rucia y las históricas inundaciones del pasado septiembre se llevan por delante ocho vidas. Tardarán en encontrar vuestros cadáveres, Wesley. Tus amigos, Nathan y Emily, relatarán su experiencia a diversos medios nacionales mientras vuestras madres sollozan y balbucean “ellos fueron una pareja tan linda”. Las lágrimas asoman a los rostros, a su rostro… “Entre los miles de desaparecidos –dice Franky–, estaba mi prima segunda Muriel Dockendorff Navarrete, miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria que fue torturada hasta la muerte con un hijo en sus entrañas”.

Y la voz de Rucia me susurra de nuevo “tengo la esperanza puesta…”. Este 11 de septiembre, Franky (Francesca) Navarrete no sabe que, al reducirse su beca año tras año, tendrá que trabajar más horas para afrontar la matrícula y se verá obligada una semana después a dejar mi clase. Hoy lucha desde el departamento de Ecología y Biología Evolutiva en los órganos de gobierno de la Asociación de Estudiantes y de la Universidad, para cuyos cargos tuve el placer de votarla.

Rebusco información. Debo contrastar su historia y acabo en la páginas sobre los desaparecidos de la dictadura chilena. Encuentro un archivo sobre Muriel Dockendorff y diversos testimonios… Cuenta la actriz Gloria Laso, compañera de prisión de Muriel, o camarada Rucia como era conocida, que fue en septiembre cuando la asesinaron. Recuerda en sus declaraciones la risa y las palabras de los hombres. “Ya Muriel, a ti te toca, vamos andando, Rucia, apúrate que te están esperando…” dijo un asesino. Y, recuerda también, que Muriel cantaba insistentemente una canción. Una canción que crispaba los nervios de los guardianes. Una canción de Ángel Parra. Una canción de amor que decía: “Puedes matarme si quieres, mi amor no lo matarás…”

Xavier Dapena anda perdido en un departamento de Español en el Oeste americano, aunque acostumbra a rezarle a Borges y a Virginia Woolf todas las noches. Procura restringir sus escarceos sexuales a eso que algunos llaman literatura y todos los géneros subyacentes: la televisión, el cine, los cómics, la historia, la filosofía… No tiene teléfono, y suele responder tarde, con una sonrisa y silbando en este “campo de batalla constante”. Días no Imperio es el título de un poemario del poeta, periodista y, en ocasiones, músico Dani Salgado.

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Días no Imperio I o La Universidad

una serie de Xavier Dapena

“who passed through universities with radiant cool eyes
hallucinating Arkansas and Blake-light tragedy
among the scholars of war

who were expelled from the academies for crazy & publis-
hing obscene odes on the windows of the skull”

Allen Ginsberg, Howl

“I could really write my own ticket if I went back to Boulder now, couldn’t I?”

Stanley Kubrick y Diane Johnson, The Shining

“La educación ha caído en las garras del neoliberalismo” es el primer exabrupto de Aurora.

Principios de mayo. Estertores del curso. Era el último día en el departamento. Debo devolver cincuenta o sesenta libros que llevo en mi carrito rojo (custodia compartida) y con un tedioso caminar me dirijo a McKenna Languages Building, un antiguo caserón de dos plantas, que fuera dormitorio de mujeres en su época y que ahora aloja a los Departamentos de Español y Portugués y Alemán y Ruso. Me dispongo a meterme en el ascensor, que nadie utiliza. No hay nadie en el edificio y realmente es una planta hasta el sótano. No puedo bajar las escaleras con el carrito. Entro y pulso el -1. Pulso de nuevo. No se mueve. Vuelvo a pulsar. Y arranca dubitativo. Y a los dos segundos de descenso, entre la planta principal y el sótano, el ascensor se rebela contra el destino y se detiene.

Parece un cuento o artículo de Javier Marías, sin mayordomo. En ese momento me pregunto por qué estoy aquí. Quién me mandaría a mí venir a parar al medio de la nada, en el centro del Imperio, en este engendro del capitalismo tardío. Pienso en los nueve meses que llevo sin ver a mi familia y sin emborracharme con mis amigos. No voy a morir, por lo menos hoy. Will. Will dijo que “el sueño americano se siente como una pesadilla”. Respiro profundamente. Maldito Boulder, maldito Colorado. Aurora. Aurora estudia Políticas. El tiempo parece detenerse, para contradecir a Borges o a Heráclito y darle la razón a Grossman, pues como un combatiente, pierdo la noción del tiempo. Pero tengo libros. Mmm. Saco uno. Es Howl.

Cuando Allen Ginsberg inauguró la Escuela Jack Kerouac de Poéticas Incorpóreas allá por el 1974, en el recién creado Naropa Institute (hoy Naropa University) en Boulder, apuntalaba de forma definitiva una idea de Boulder en el imaginario colectivo, en algún lugar de ese registro de lo psíquico de Lacan, en su versión norteamericana. Medio metro de nieve separa lo Real del Falo. Boulder es una isla, una excepción estadística. Ese mismo año, Stephen King viajaba por Colorado junto a su familia y no muy lejos de Boulder se inspiró para escribir The Shining. Es excepción. Una extraña ficción (“la lógica de la fantasía colectiva o grupal es siempre alegórica” dice Jameson) que conjuga la narrativa propia del sueño americano jalonado por algún Starbucks, y que, en este caso, incluye también mapaches, ardillas, osos y venados, y la propia universidad, que todo lo capitaliza, que es máquina registradora, y que tiende a ejercer un poder de atracción a nivel interno en los Estados Unidos sobre lo que denominaremos hippijismo, a falta de mejor término. También Barack Obama sucumbió a la imaginería creada de lugar progre, marihuanero y pacifista. Durante su última campaña presidencial, que seguí con cierta tensión, por esto de vivir allí (o aquí, según se mire), el presidente nos visitó un par de veces. Boulder representa cierto espíritu progresista en el centro mismo del Oeste estadounidense. Colorado (por cierto, la accidentada garganta del Gran Cañón está en Arizona) acaba de aprobar, coincidiendo con la elección decisiva del estado que se decantó por Obama, una ley por la que se permite el consumo, tenencia y comercialización de la marihuana. Boulder, una pequeña ciudad de unos cien mil habitantes al noroeste de Denver, aloja una de las dos universidades budistas de este país, Naropa, que ya visitó Allen. Y por otra parte la pública (este concepto es relativo) y estatal University of Colorado at Boulder (en adelante CU), que ya visitó Barack. Aquí imparto clase y estudio. Y en esta última, en la cafetería de la biblioteca, llamada Laughing Goat, tuve la conversación sobre el sistema educativo, que se repite en mi cabeza. Pienso en Will y en Aurora, estudiantes de CU. Will me recuerda la cita del Doctor King: “Muy a menudo tenemos socialismo para los ricos y salvaje capitalismo de libre mercado para los pobres”. Y vuelvo al tiempo.

Respiro. No puede ser, que el último día que oficialmente tengo que venir de todo el año me quede encerrado, pero así es. Hay un hermoso botón de emergencia. Lo pulso compulsivamente y suena una secuencia de tonos propia de un teléfono móvil. Al cabo de unos segundos, en el inglés más nítido que han escuchado mis tímpanos, un amable señor me interpela. Respondo: “Hola mire me he quedado encerrado en el ascensor en el Edificio McKenna”. “¿En qué planta?” me responde lacónico. “Entre la principal y el sótano”. “¿Se encuentra usted bien?” me inquiere la voz. “Sí”. “¿Hay alguien más con usted?” vuelve a preguntar. “No, sólo yo”. “¿Alguna embarazada?” El tiempo se vuelve a detener. Palpo mi incipiente barriga hereditaria. “No, que yo sepa” respondo. “Pues no se preocupe ya mando a alguien a ayudarle. Si tiene cualquier problema, vuelva a llamar. No se preocupe”. “Muchas gracias”. No tengo claustrofobia, sé que no hay más de un par de metros desde donde está el ascensor hasta el suelo, así que en el peor de los casos, una buena hostia y poco más… Y hay wifi. Así que lo comento en Facebook. Mis amigos ya saben que suelo exagerar los acontecimientos. Es decir no me creen. Yo lo considero un don, ellos, bueno, digamos parte de mi encanto. Escucho a Piglia o a mi amigo Van der Linde que susurra “sé diáfano” y “cede al otro la voz”.

Mis dos estudiantes. Laughing Goat. Aurora llega. Es de Loveland y un mechón negro se agiganta entre el resto de su cabello de un refulgente rubio. La experiencia de la posibilidad del sistema educativo estadounidense. Will se trastabilla. Se referirá de forma insistente a “los Estados Unidos” en perfecto español y entrecomillado con la frustración propia de la adolescencia perdida y los sueños. Estudia Biología, porque pretende ser médico. Durante los veranos se dedica a conducir una ambulancia para un servicio de urgencias en New Hampshire. Nos relata, y me mareo, algún episodio sanguinolento. Su mirada de niño travieso esconde un pasado musical como batería de un grupo de cierto éxito. Su padre, un republicano recalcitrante y acaudalado, se niega a asistirle porque cree que los títulos son innecesarios. “En «los Estados Unidos» aquel que no obtenga un título universitario experimentará serias dificultades para cubrir sus necesidades básicas […] y tendrá un acceso restringido a la asistencia médica” me dice Will. Pero el problema deviene a la hora de afrontar por uno mismo los costes de la educación. Los bancos conceden “generosos” créditos a los estudiantes. El cincuenta por ciento del alumnado está endeudado y trabajan en uno o dos empleos, en el tiempo que le permite la universidad. El otro cincuenta o son deportistas (con lo cual la Universidad asume los gastos de su educación) o son militares (con lo cual el Ejército asume los gastos de su educación, a cambio de 4 o 5 años de servicio) o tienen los suficientes recursos para afrontar un promedio de 70.000 dólares al año (incluyendo el alojamiento, la comida y el transporte). Multiplicado por los años que le llevará acabar la carrera a Will, por ejemplo, os podéis imaginar el tamaño de su crédito, antes incluso de iniciar sus estudios graduados y sin saber a ciencia cierta si podrá asumir su deuda. Aurora salta “el sistema educativo en Estados Unidos está regido por el paradigma neoliberal”. Es de Políticas y ama a Jameson, si es posible, sobre todas las cosas. Escucho ruidos y voces en inglés en el ascensor. Vuelvo. “Hola”, grito.

Una vez que dejemos de conceptualizarnos –sentencia Aurora– como homo economicus y resistir la marea de la racionalidad del mercado (que ha ido más allá de su ámbito propio y ha alcanzado a la educación), podríamos imaginar una universidad donde se anima a los estudiantes a ser curiosos, pensar críticamente y a aprender. El problema de esto es que la única esperanza de un cambio cultural provendría de las propias universidades. Por lo tanto, creo que estamos en el frente de algo drástico e importante.

Se abren las puertas. Cuatro bomberos, dos policías, dos de mantenimiento, una ambulancia. Y dos compañeros de departamento, que me miran atónitos y me preguntan “¿por qué utilizaste el ascensor? ¿quién utiliza el ascensor en McKenna?”. Yo sonrío por la exagerada repercusión del encierro y les digo “Hola”.

Después de un año escaso de la conversación sobre el sistema educativo, Aurora L. Randolph ha finalizado su maestría con la tesis titulada The Perpetuation of Neoliberalism through the Cycle of Individualization y trabaja para la oficina del Gobernador de Colorado. William Dube ha tenido que dejar sus estudios, trabaja en una tienda de instrumentos musicales Ralph’s House of Tone y en los servicios de emergencia del hospital Wentworth-Douglass en New Hampshire. Ella lloró nuestro último día de clase y él me ha prometido que volverá.

Xavier Dapena anda perdido en un departamento de Español en el Oeste americano, aunque acostumbra a rezarle a Borges y a Virginia Woolf todas las noches. Procura restringir sus escarceos sexuales a eso que algunos llaman literatura y todos los géneros subyacentes: la televisión, el cine, los cómics, la historia, la filosofía… No tiene teléfono, y suele responder tarde, con una sonrisa y silbando en este “campo de batalla constante”. Días no Imperio es el título de un poemario del poeta, periodista y, en ocasiones, músico Dani Salgado.

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To You / A ti

by Walt Whitman
With a drawing by | Con un dibujo de Ana Kun
Spanish version by | Versión en español de Joaquín Lameiro Tenreiro

To You

Whoever you are, I fear you are walking the walks of dreams,
I fear these supposed realities are to melt from under your feet and hands,
Even now your features, joys, speech, house, trade, manners, troubles, follies, costume, crimes, dissipate away from you,
Your true soul and body appear before me.
They stand forth out of affairs, out of commerce, shops, work, farms, clothes, the house, buying, selling, eating, drinking, suffering, dying.

Whoever you are, now I place my hand upon you, that you be my poem,
I whisper with my lips close to your ear.
I have loved many women and men, but I love none better than you.

O I have been dilatory and dumb,
I should have made my way straight to you long ago,
I should have blabb’d nothing but you, I should have chanted nothing but you.

I will leave all and come and make the hymns of you,
None has understood you, but I understand you,
None has done justice to you, you have not done justice to yourself,
None but has found you imperfect, I only find no imperfection in you,
None but would subordinate you, I only am he who will never consent to subordinate you,
I only am he who places over you no master, owner, better, God, beyond what waits intrinsically in yourself.

Painters have painted their swarming groups and the centre-figure of all,
From the head of the centre-figure spreading a nimbus of gold-color’d light,
But I paint myriads of heads, but paint no head without its nimbus of gold-color’d light,
From my hand from the brain of every man and woman it streams, effulgently flowing forever.

O I could sing such grandeurs and glories about you!
You have not known what you are, you have slumber’d upon yourself all your life,
Your eyelids have been the same as closed most of the time,
What you have done returns already in mockeries,
(Your thrift, knowledge, prayers, if they do not return in mockeries, what is their return?)

The mockeries are not you,
Underneath them and within them I see you lurk,
I pursue you where none else has pursued you,
Silence, the desk, the flippant expression, the night, the accustom’d routine, if these conceal you from others or from yourself, they do not conceal you from me,
The shaved face, the unsteady eye, the impure complexion, if these balk others they do not balk me,
The pert apparel, the deform’d attitude, drunkenness, greed, premature death, all these I part aside.

There is no endowment in man or woman that is not tallied in you,
There is no virtue, no beauty in man or woman, but as good is in you,
No pluck, no endurance in others, but as good is in you,
No pleasure waiting for others, but an equal pleasure waits for you.

As for me, I give nothing to any one except I give the like carefully to you,
I sing the songs of the glory of none, not God, sooner than I sing the songs of the glory of you.

Whoever you are! claim your own at any hazard!
These shows of the East and West are tame compared to you,
These immense meadows, these interminable rivers, you are immense and interminable as they,
These furies, elements, storms, motions of Nature, throes of apparent dissolution, you are he or she who is master or mistress over them,
Master or mistress in your own right over Nature, elements, pain, passion, dissolution.

The hopples fall from your ankles, you find an unfailing sufficiency,
Old or young, male or female, rude, low, rejected by the rest, whatever you are promulges itself,
Through birth, life, death, burial, the means are provided, nothing is scanted,
Through angers, losses, ambition, ignorance, ennui, what you are picks its way.

The works of Walt Whitman are under the public domain | La obra de Walt Whitman es de dominio público

To You / A ti by Ana Kun

To You / A ti by Ana Kun

A ti

Quienquiera que seas, temo que camines los caminos del sueño,
temo que estas supuestas realidades vayan a desvanecerse bajo tus pies y tus manos;
ahora mismo tus rasgos, gozos, habla, casa, empresas, modales, problemas, veleidades, vestimenta, crímenes se esfuman lejos de ti
y tu alma y cuerpo verdaderos se muestran frente a mí,
emergen libres de negocios, libres de comercio, tiendas, trabajo, granjas, ropas, la casa, comprar, vender, comer, beber, sufrir, morir.

Quienquiera que seas, ahora yo poso mi mano sobre ti, pues tú serás mi poema;
susurro con mis labios pegados a tu oído:
he amado a muchas mujeres y hombres, pero a ninguno he amado más que a ti.

Oh, he sido tardío y torpe;
debería haberme abierto camino hacia ti hace mucho,
de mis labios solo tú deberías haber salido, solo tú deberías haber sido mi canción.

Lo dejaré todo y vendré y haré himnos para ti;
nadie te ha comprendido, pero yo te comprendo;
nadie te ha hecho justicia, tú mismo no te has hecho justicia;
nadie ha encontrado en ti más que imperfección, yo soy el único que no encuentra esa imperfección;
nadie ha buscado más que subyugarte, yo soy el único que no consiente tu yugo;
Yo soy el único que no coloca sobre ti ni amo, ni dueño, ni mejor, ni Dios más allá del que aguarda en tu interior.

Los pintores han pintado siempre a las masas abigarradas en torno a un personaje
y un nimbo de luz dorada que emana de la cabeza de ese personaje.
Pero yo pinto miríadas de cabezas, y ninguna pinto sin su nimbo de luz dorada;
brota de mi mano, del cerebro de cada hombre y mujer, y fluye fulguroso hacia el infinito.

¡Qué grandezas y glorias podría cantar de ti!
Tú no sabes lo que eres, toda tu vida ha sido un dormitar sobre ti mismo,
la mayor parte de tu vida la has pasado como con los párpados cerrados.
Todo lo que has hecho no te ha rendido más que burlas
(tus ahorros, tus conocimientos, tus oraciones, ¿qué te han rendido sino burlas?)

Estas burlas no son tú.
Bajo ellas, en su interior, veo cómo acechas.
Te busco allí donde nadie te ha buscado.
El silencio, el despacho, el gesto indiferente, la noche, el día a día; si todo esto te esconde de los otros o de ti mismo, no te esconde de mí.
La cara afeitada, la mirada vacilante, la complexión débil; si esto ha entorpecido a los otros, no me entorpece a mí.
El descaro en el vestir, las costumbres viciosas, la embriaguez, la codicia, la muerte prematura; todo esto yo lo dejo a un lado.

No hay don en hombre o mujer que no se halle inscrito en ti;
no hay mayor virtud o belleza en hombre o mujer de la que hay en ti,
ni mayor coraje o entereza en los otros que en ti;
ningún placer aguarda a los otros que no te aguarde a ti.

En cuanto a mí, a nadie doy nada que no te dé en idéntica medida a ti;
no canto a la gloria de nadie, ni siquiera a la de Dios, antes que a la tuya.

¡Quienquiera que seas: reivindícate sin temor!
Los espectáculos de Oriente y Occidente son insulsos comparados contigo.
Las inmensas praderas, los ríos interminables: tú eres inmenso e interminable como ellos;
la furia de los elementos, las tormentas, las fuerzas de la Naturaleza, la angustia ante la destrucción inminente, tú las señoreas a todas;
señoreas con pleno derecho sobre la Naturaleza, los elementos, el dolor, la pasión, la destrucción.

Los grilletes caen de tus tobillos, sientes una suficiencia inquebrantable,
joven o viejo, hombre o mujer, tosco, vulgar, rechazado por el resto,
lo que eres se propaga.
A través del nacimiento, la vida, la muerte, el entierro… se proveen los medios; nada se escatima.
A través de la ira, la pérdida, la ambición, la ignorancia, el hastío… lo que eres se abre camino.

Walter “Walt” Whitman (May 31, 1819 – March 26, 1892) was an American poet, essayist and journalist. A humanist, he was a part of the transition between transcendentalism and realism, incorporating both views in his works. Whitman is among the most influential poets in the American canon, often called the father of free verse. His work was very controversial in its time, particularly his poetry collection Leaves of Grass, which was described as obscene for its overt sexuality. (From “Walt Whitman” at Wikipedia, the free encyclopedia)

Ana Kun was born in one very cold winter, sometime around noon. She waited quietly until she could go to the Fine Arts High School in the 5th grade, determined to be a graphic artist as soon as possible. Now, 20 years later, she has a BA in Graphics (Faculty of Arts and Design), a MA in Creative Writing (Faculty of Letters and Theology) and a magical 7 years experience in graphic design. Ana feels ready to see her dream come true: to doodle super colorful drawings and mega intricate texts, if possible on the same paper. Visit anakun.com

Joaquín Lameiro Tenreiro nació en A Coruña en 1982. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidade da Coruña, en donde actualmente realiza su tesis doctoral y otros trabajos de investigación sobre las Vanguardias Históricas y la literatura hispanoamericana. Ha publicado poesía y relato breve en varias revistas y fanzines, en gallego y en español.

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